• Abd Al Malik – Scarifications (Pias France)

    El MC parisino regresa rebosante de inspiración y entrega uno de los álbumes clave del año producido por un brillante Laurent Garnier.

  • Romperayo – Romperayo (Discrepant)

    Cumbia 2.0 desde Bogotá en psicodélica expansión. Un proyecto integrado por miembros de Los Pirañas, Meridian Brothers y Ondatrópica.

     

  • Ane Brun – When I’m Free (Balloon Ranger Recordings)

    Ambición y diversidad de estilos en el séptimo y sólido trabajo de la noruega. Un disco que expone un inagotable caudal de ideas y referencias modeladas eficazmente por el productor Tobias Fröberg.

     

  • Bastien Lallemant – La Maison Haute (Zamora Productions)

    El compositor de Dijon Bastien Lallemant entrega su cuarto álbum, un hito instantáneo en la escena de la chanson contemporánea. Una obra mayor, sorprendente, casi perfecta, con guiños sensacionales a Gainsbourg y Jean-Claude Vannier, entre otros. Un disco que apunta como un misil de crucero a un futuro en el que Lallemant debería firmar algunas de las páginas más vibrantes y decisivas del pop galo venidero.

     

     

  • Benjamin Biolay, Denis Benarrosh & Nicolas Fiszman – Trenet (Barclay)

    Benjamin Biolay rinde homenaje a Charles Trenet, “le fou chantant”, con la complicidad de sus amigos Denis Benarrosh (batería, percusión) y Nicolas Fiszman (guitarra, bajo). El galo se ha decantado por la vertiente más nostálgica de Trenet, “el padre de la canción moderna francesa”, y ha utilizado el jazz y el blues con acierto para adaptar los temas escogidos en el álbum.

  • Melody Gardot – Currency Of Man (Decca)

    El cuarto álbum de Melody Gardot es el más arriesgado, personal y gratificante en su trayectoria. La norteamericana se zambulle en el ryththm and blues, el gospel y la electricidad. Gardot firma brillantes composiciones inspiradas en la desigualdad y el desarraigo y apuesta por el gran Larry Klein en la producción.

  • Joe Henry en Future Beats Radiopodcast

    Resulta halagador para la condición humana que existan artistas condenados a entenderla. Cuanto menos esa es la sensación que nos deja esta charla con el gran productor americano Joe Henry. Pasó una hora de tertulia musical y transcendente con Alex García que reproducimos en esta edición especial de Future Beats.

    Intuirán que en el ánimo de Joe Henry brilla la duda perenne en las decisiones que ha tomado en Invisible Hour, el trabajo que nos presenta. Una muestra más de la gran humanidad de este productor, compositor, músico total;  elegante en sus formas y en sus maneras pero profundo y comprometido con la música. Verán que es alguien que se preocupa de los procesos en una época que prima siempre el resultado y sentirán que no teme que las canciones cambien si se tocan en directo y no parecen las mismas que se pueden escuchar en el disco.

     

    Playlist:

    Joe Henry:

    1. Sparrow
    2. The Invisible Hour
    3. Alice
    4. Every Sorrow
    5. Trixie Whitley – Before The Beginning
    6. Joe Henry & Lisa Hannigan – Red River Valley (The 78 Project)
    7. Joe Henry – Plainspeak (Acústico RGP)

  • Cece Giannotti y su homenaje a J.J. Cale

    Cover del canadiense Cece Giannotti del clásico de J.J.Cale “Call Me The Breeze”. Giannotti ha rebautizado a su banda como “Après Minuit” temporalmente para rendir tributo al sensacional guitarrista y compositor norteamericano.

     

  • Pokey LaFarge: El Orgullo de Saint Louis

    Su disco homónimo es una gozosa colección de canciones nuevas compuestas a imagen de la vieja música estadounidense de entre los años 20 y los 40.

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    Se podría decir que lo que hace Pokey Lafarge (Bloomington, Illinois, 1983) es música estadounidense pre-rock & roll, pero siendo más exactos sería lo que en su país llaman pre-war music: folk, country, cajun, blues rústico, algo de jazz temprano… Todo, entre los años 20 y los 40.

    “Era, en sentido general, la música folk de entonces. No entraba en la categoría del pop de la época, salvo algunas cosas de jazz. Estaba en el underground”, cuenta Lafarge antes de su reciente concierto madrileño: “Raras veces la música folk de ningún país ha sido pop, porque los que controlan la industria han desvirtuado la música al empaquetarla como pop, y yo quiero que la música sea 100% auténtica”.

    Pese a su juventud, su último disco, homónimo, es ya el quinto, aunque es con el que ha recibido la atención merecida, gracias entre otras cosas a su vinculación a Jack White, con cuyo sello Third Man Records se edita. “Él me escuchó en una emisora de Nashville hace tiempo y se puso en contacto conmigo”, explica Lafarge: “Hace tres años ya grabé para Third Man un 45 [Chittlin’ Cookin’ Time in Cheatham County]. Luego colaboré con él en su disco en solitario, Blunderbuss, nos fuimos de gira juntos tres semanas, hicimos unas canciones para la BSO de El llanero solitario… Es un caballero, alguien muy centrado en el trabajo, en la música, con un hambre infinita por seguir desarrollando su oficio”.

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    Lafarge, que se ve a sí mismo como “un embajador de su país”, también es gran propagandista -en canciones como Central Time- de las virtudes de su tierra, el Medio Oeste. Aunque vio al luz en Illinois, es de Saint Louis (Missouri), la tierra que vio nacer a Chuck Berry o Josephine Baker. “También Ike Turner y Miles Davis eran de allí, aunque es más una ciudad de béisbol, de grandísimos jugadores. Uno canta sobre lo que conoce, y Saint Louis es parte de los cimientos de mi vida, no se puede esconder lo que uno es. El Medio Oeste tiene algo de España, no hay pretenciosidad. Creo que la gente en España es muy accesible, simpática, con los pies en el suelo. En el Medio Oeste somos parecidos. Vas a Nueva York, Boston o California, sitios que me gustan y tienen su sabor especial, pero no son tan amables o accesibles como en el Medio Oeste. También es una zona de clase obrera, de gente dura que trabaja mucho. Estoy orgulloso de donde vengo”.

    Tanto su sonido como su aspecto (parece un currante de los años 40 vestido de domingo) son una salto atrás en el tiempo, pero en sus canciones Pokey Lafarge trata temas relevantes en la actualidad. Es el caso de Close the Door, que en clave de humor negro habla de la necesidad de un sistema sanitario universal y gratuito en EE UU: “Lo que está haciendo Obama no es la solución definitiva, pero sí un primer paso. Somos un país de 300 millones de personas y es difícil que nos pongamos de acuerdo para un tema así, pero el objetivo debería ser hacer algo sostenible en el tiempo”.

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    La música estadounidense de pre-guerra está viviendo cierto revival en los últimos años, gracias en parte a la serie Boardwalk Empire, para la cual Lafarge grabó Lovesick Blues, tema popularizado por Hank Williams, pero que el cantante se apresura a puntualizar que se inspiró en la versión previa de Emmett Miller. “Aquello fue fantástico, grabé con Vince Giordano, uno de los mejores jazzmen del mundo”, señala: “Tampoco sé si hay un revival. Hay mucha gente aprovechándose de que ahora se le presta más atención a esta música, pero nunca ha desaparecido, siempre ha estado ahí. Yo hago lo que he hecho siempre”.

     Darío Manrique

  • Babasónicos, entre el rock y el romanticismo

    Romantisísmico alarga la racha creativa de los argentinos equilibrando sus diferentes facetas.

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    Al leer por primera vez el título del duodécimo disco de Babasónicos, Romantisísmico, sin haberlo escuchado aún, me sonó como un paso con lógica dentro de la carrera de los argentinos. Viéndoles en directo y escuchando sus discos recientes, parecía que tras la psicodelia moderna de sus comienzos y el rock estilizado de álbumes como Anoche (2005) habían abierto una indisimulada vena romántica. Romántica al estilo Babasónicos, claro, con ironía, mala leche y un punto de sordidez, pero viendo a Adrián Dárgelos sobre un escenario cantando medios tiempos y baladas parecía que aspiraba más a ser un cantante melódico que la singular estrella de rock que es desde hace años.

    Sin embargo, pese a su nombre, Romantisísmico se vende desde la nota de prensa como un regreso de Babasónicos al rock, y lo hay, pero atendiendo a la evolución antes comentada también incluye su buena dosis de amores tormentosos, tríos malhadados y una vulnerabilidad que no es nueva y que contrasta con acierto con la chulería habitual de Dárgelos.

    En el primer grupo se pueden incluir Uso, Humo o El baile de Odín. En ésta última, hacen acto de presencia las afiladas letras de Dárgelos, un maestro moviéndose entre ambientes caóticos y terrenos sicalípticos: “Salgo de patrulla con mi antorcha por la fiesta/ sigo el hilo luminoso de tu tanga”, canta, cargando las erres para acentuar lo épico de su odisea nocturna.

    Entre las romántisísmicas, destaca el dub-reggae Negrita y, sobre todo, la preciosidad acústica de Celofán, que cierra el disco entre reconocimientos de fragilidad (“Quizás me faltó aclarar que hasta ayer fui invencible”) y un estribillo brillante: “Chófer deténgase, que yo me bajo aquí”).

    Uno es fan de álbumes como el ya citado Anoche, Infame (2003) o Miami (1999), que se cuentan entre los más guitarreros del grupo, pero creo que al final, en Romantisísmico, las canciones que más poso dejan son las más delicadas. Aunque no suponga un gran cambio en su carrera, este disco refleja a la perfección las diversas caras y estados de ánimo de Babasónicos, el grupo de rock en castellano más sólido de los últimos 20 años.

    Darío Manrique

     

    Babasónicos Romantisísmico (2013,Sony Music)