• Babasónicos, entre el rock y el romanticismo

    Romantisísmico alarga la racha creativa de los argentinos equilibrando sus diferentes facetas.

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    Al leer por primera vez el título del duodécimo disco de Babasónicos, Romantisísmico, sin haberlo escuchado aún, me sonó como un paso con lógica dentro de la carrera de los argentinos. Viéndoles en directo y escuchando sus discos recientes, parecía que tras la psicodelia moderna de sus comienzos y el rock estilizado de álbumes como Anoche (2005) habían abierto una indisimulada vena romántica. Romántica al estilo Babasónicos, claro, con ironía, mala leche y un punto de sordidez, pero viendo a Adrián Dárgelos sobre un escenario cantando medios tiempos y baladas parecía que aspiraba más a ser un cantante melódico que la singular estrella de rock que es desde hace años.

    Sin embargo, pese a su nombre, Romantisísmico se vende desde la nota de prensa como un regreso de Babasónicos al rock, y lo hay, pero atendiendo a la evolución antes comentada también incluye su buena dosis de amores tormentosos, tríos malhadados y una vulnerabilidad que no es nueva y que contrasta con acierto con la chulería habitual de Dárgelos.

    En el primer grupo se pueden incluir Uso, Humo o El baile de Odín. En ésta última, hacen acto de presencia las afiladas letras de Dárgelos, un maestro moviéndose entre ambientes caóticos y terrenos sicalípticos: “Salgo de patrulla con mi antorcha por la fiesta/ sigo el hilo luminoso de tu tanga”, canta, cargando las erres para acentuar lo épico de su odisea nocturna.

    Entre las romántisísmicas, destaca el dub-reggae Negrita y, sobre todo, la preciosidad acústica de Celofán, que cierra el disco entre reconocimientos de fragilidad (“Quizás me faltó aclarar que hasta ayer fui invencible”) y un estribillo brillante: “Chófer deténgase, que yo me bajo aquí”).

    Uno es fan de álbumes como el ya citado Anoche, Infame (2003) o Miami (1999), que se cuentan entre los más guitarreros del grupo, pero creo que al final, en Romantisísmico, las canciones que más poso dejan son las más delicadas. Aunque no suponga un gran cambio en su carrera, este disco refleja a la perfección las diversas caras y estados de ánimo de Babasónicos, el grupo de rock en castellano más sólido de los últimos 20 años.

    Darío Manrique

     

    Babasónicos Romantisísmico (2013,Sony Music)

  • Ruspo: Un viaje por un Brasil desconocido

    Esses patifes, el debut de Ruspo, es un diario sonoro de sus viajes por el interior del país como periodista comprometido.

     

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    Ruy Sposati es un periodista brasileño que ha editado su primer trabajo discográfico bajo el nombre artístico de Ruspo, un disco de delicioso pop lo-fi tropical, parecido -de lejos- al Beck más íntimo, con gran imaginación a la hora de imaginar instrumentación y arreglos. Hasta ahí, todo más o menos normal. Pero el quid de Esses patifes no está sólo en el resultado final (la música), sino en el proceso por el que Ruspo ha llegado hasta él.

    Resulta que Sposati es un periodista especializado en temas indigenistas, concretamente en los conflictos que viven los pueblos originarios de Brasil ante el avance del progreso y la civilización (presas, talas de bosques, latifundistas despiadados, etc), lo que le ha valido varias amenazas de muerte, algo pore desgracia demasiado habitual en esas tierras cuando los intereses en juego son tan grandes. En los últimos tres años, en sus viajes por el Brasil que no saldrá en las postales del Mundial de fútbol, ha grabado Esses patifes armado únicamente con su ordenador portátil, en habitaciones de hotel, aldeas y esquinas. No es un álbum político o de protesta, aunque es obvio que las vivencias laborales/vitales de Sposati se han colado en las canciones. Así, Tekoha usa la palabra guaraní para designar la tierra en la que viven; Chatuba de agroboy parece reflejar los abusos de los terratenientes; y en Altamira, grabó a un niño araweté cantando para introducir una canción con ritmo de bossa y una letra basada en los testimonios de los trabajadores en huelga que construían una presa en el estado de Alagoas, uno de los más pobres de país. En Anastácio, entre cuerdas, una guitarra vintage y flauta, consigue uno de los temas más melancólicamente espectrales del disco, contando la historia de un indígena que se niega a tener energía eléctrica.

    La geografía está presente desde los títulos de las canciones: Belém, Belém, Brasilia é Luísa, Altamira, Hino do Macieira, etc… También, fuera de su país, en EUA, con el espejismo de la complicada emigración a EE UU.

    La voz de Sposati, siempre en un falsete medio forzado, no es ortodoxamente bonita, pero dudo de que él mismo se describa como “cantante”. Lo importante es que le sirve para lo que necesita: dar cuenta de una especie de diario de viaje/reportaje cantado cuyas 14 páginas (o canciones) suenan repletas de personalidad y de información, tanto íntima como pública. Esses patifes se puede descargar, gratuita y legalmente, en la web del sello que lo edita.

     

    Darío Manrique

    Ruspo Esses patifes (Um Distante Maestro Discos)

     

  • El nuevo regalo de AM & Shawn Lee

    La musique numerique” es la segunda entrega de la asociación entre el cantante angelino y el “arqueólogo” londinense: pop bailable lleno de matices.

     

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    Celestial Electric, el primer disco de AM & Shawn Lee, fue uno de los favoritos de esta casa en 2011, y sentimos especial debilidad por Shawn Lee, maravilloso bicho raro, un norteamericano residente en Londres empeñado en traer los sonidos más jugosos de los 60 y los 70 a la actualidad, autor prolífico -unos 30 álbumes a su nombre- que ha realizado experimentos como su versión, con tabla india, de la música de la Incredible Bongo Band (Incredible Tabla Band).

    Ese Celestial Electric descubría un emparejamiento casi perfecto, el de un cantante y compositor pop con muy buena mano para las melodías (AM) y el del arqueólogo sónico Lee, que daba una profundidad inusitada a canciones como City Boy o Lonely Life, además de un tono bailable que a Lee seguramente le gustaría describir como “groovy” (lo siento, no encuentro una traducción adecuada para esa palabra).

    Todo ello se mantiene en este La musique numerique, un disco en el que las melodías pop de AM se funden con los orgánicos ambientes de Lee en canciones redondas como el single Good Blood, Automatic o Iron Leaf. (Otras como Special Disco también podrían describirse como redondas, pero por otras razones: repetitiva y circular, parece que no llega a arrancar). También hay cierto paralelismo con la música de grupos como The Phenomenal Handclap Band, aunque con menor carga psicodélica y sonidos disco-funk más rebajados, menos negros, más pop.

    La diferencia con el primer álbum de AM & Shawn Lee puede estar en un enfoque mayor en los años 80, con referencias al italo-disco, en las guitarras de aire a lo INXS de Suffer Like Me o en la versión con vocoder y (discreta) base moroderiana del Steppin’ Out de Joe Jackson.

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    AM & Shawn Lee son un chorro de agua cristalina en un panorama pop que a veces parece estancado en la repetición de fórmulas ya probadas. No han inventado la rueda, y desde luego no miran hacia el futuro, pero su pop bailable tampoco es una fotocopia, ni retro de por sí. En la fusión de las personalidades de cada uno han encontrado un filón que, esperamos, sigan trabajando. Por ahora, nos quedamos con las ganas de verlos en directo en España, país que aún no han visitado.

    Darío Manrique

    AM & Shawn Lee La musique numerique (2013, Park the Van)

     

     

     

    https://www.facebook.com/amandshawnlee

     

  • La Yegros: Sofisticada cumbia en clave femenina

    “Viene de mí” (2013, ZZK Records), el debut de La Yegros, presenta el omnipresente género latinoamericano para paladres modernos.

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    Desde Colombia al resto de Latinoamérica y de ahí a medio mundo, la cumbia es uno de los géneros musicales que más se han expandido en los últimos diez años. En su acepción más vanguardista, la cumbia aparece pervertida por la electrónica, convertida en un excitante ritmo urbano.

    Argentina es uno de los países donde más vueltas se le ha dado a la cumbia, que con el apellido de “villera” se ha convertido en modo de expresión de la juventud de los barrios populares. La propuesta de La Yegros tiene voz femenina (algo no tan habitual en la cumbia moderna) y es bastante más sofisticada, procedente del sello bonaerense ZZK (antes Zizek), una de las cunas de la cumbia vanguardista. Mariana Yegros tiene formación clásica y hace ya tiempo que venía colaborando con su exmarido Gaby Kerpel, alias King Coya, otro artista de ZZK. Viene de mí es su primer álbum en solitario, con cuya canción titular ha tenido un sorprendente éxito en Francia. No tan sorprendente, tal vez, si atendemos a ese interés internacional que despierta la cumbia, y Viene de mí es el mejor ejemplo: ese ritmo somnoliento pero implacablemente hipnótico, y una letra que hace referencia al “sentimiento” de la cumbia con frases como “Yo no bailo la cumbia, abandono el suelo”.

    Pero el disco también atiende al folclore argentino, con el bonito chamamé electrónico El bendito, una música del nordeste argentino, donde La Yegros tiene raíces (sus padres son de la provincia de Misiones, incrustada entre Brasil y Paraguay, de ahí las menciones a los guaraníes, pueblo presente en la región).

    También hay rap en temas como Iluminada o Ya no llores, donde colabora la rapera argentina Miss Bolivia; reggae-downtempo en Vagar y dancehall en Solo. El final de Viene de mí llega con una de sus mejores canciones, la emocionante Qué me hizo mal, rica en acordeón y vientos.

    La cumbia aún no ha enganchado en España, pero esperemos que discos como el de La Yegros contribuyan a aumentar la afición por esta excitante música, que acepta sin problemas todo tipo de mezclas e injertos. Por lo pronto, el próximo 26 de julio La Yegros actúa en Zaragoza dentro de su gira europea. Quien pueda, que vaya, que por lo visto en Youtube sus conciertos son buenas fiestas.

    Darío Manrique

    La Yegros. Viene de mí (2013, ZZK Records)

     

     

     

    Teaser documental:

    Teaser – Viene de Mi: A Story About a Musical Journey from ZZK Records on Vimeo.

  • Los Amigos Invisibles prueban con el inglés pero continúan fijando el foco en el baile y la diversión en Repeat After Me.

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    Un nuevo disco de Los Amigos Invisibles siempre es una alegría (una gozadera, podríamos decir, usando su terminología). El sexteto venezolano lleva casi 20 años facturando irresistible música de baile con inequívoco sabor latino, gotitas de lounge y estructuras que van desde el funk al house, pasando por su género puente, la disco music.

    En este su octavo álbum, Los Amigos Invisibles han rebajado el factor latino e incluyen varios temas cantados en inglés. Escribo ambas cosas seguidas porque deduzco que estarán conectadas. Esta (ligera) anglificación puede ser la consecuencia lógica de las andanzas internacionales del grupo y, sobre todo, de su continuada presencia en EE UU. Al parecer, desde hace años la mitad de Los Amigos viven en Nueva York y la otra mitad en Miami, y han explicado que después de tanto tiempo ya le perdieron el miedo a componer en inglés (pese a lo cual se marcan la broma del título, “la frase más repetida por los profesores de inglés cuando empiezas a aprender”).

    Con el uso del inglés se pierde el sabor del castellano venezolano y, sobre todo, la capacidad inagotable para la letra sicalíptica con doble sentido, la metáfora guarrona y, a veces, directamente la descripción sexual. Pero aparte de eso, los temas en inglés funcionan (y son algunos de los mejores), pues en la mayoría de los casos son los más bailables, como Stay, Sex Appeal, Hopeless Romance…

    No hay ningún éxito potencial como lo fue Mentiras en Commercial (2009). Tal vez pudiera serlo el primer single, La que me gusta, una excursión pop con ritmo Motown. Mientras, Reino animal es una gamberrada que parece sacada del Arepa 3000 (2000) y Mostro un ejercicio de retrojazz humorístico y casi novelty, ambos temas intrascendentes. Por otro lado, canciones como el house luminoso de Hopeless Romance, la ácida Like Everybody Else o la cósmica Stay, un espectacular funk profundo y repetitivo, tienen más que ver con ese atrevido experimento house que fue The Venezuelan Zingason vol. 1 (2003), producido en gran parte por el dúo Masters at Work, y con la primera participación de Dimitri From Paris, que comparte labores en Repeat After Me con Cachorro López y Ray Wang.

    Los Amigos Invisibles han dejado un poco de lado la exuberancia tropical en Repeat After Me, en beneficio de la repetición bailable y la variedad desprejuiciada. No es su mejor disco, pero tampoco un paso atrás, y confirma a los venezolanos como la mejor orquesta de baile latina del momento.

    Darío Manrique

    Los Amigos Invisibles Repeat After Me (2013, Gozadera Records)

     


  • Natalia Clavier se aleja de la sombra de Thievery Corporation con un variado álbum de pop global producido por Adrián Quesada (Echocentrics, Brownout). Te ofrecemos la descarga gratuita de uno de los temas del disco

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    A Natalia Clavier la conocemos principalmente por prestar su voz para la música de Thievery Corporation o de su pareja, Federico Aubele. Con su segundo álbum en solitario -el primero para Nacional Records, primero fuera del sello de Thievery, ESL- se puede hablar de la confirmación de una voz brillante en la escena latina.

    El único pero es que el factor latino, precisamente, se encuentra diluido en este Lumen, en el que la mitad de los temas (6 de 12) están cantados en inglés. Parece que en esos casos la voz de Clavier pierde personalidad, pero por fortuna ninguna de las canciones cae en el cliché genérico, y eso es difícil, dada la variedad presente en el álbum. Pongamos por ejemplo Trouble, un tema de soul retro con una base acelerada, unas inflexiones vocales y una trompeta caribeña que la alejan de una producción estándar de, digamos, Mark Ronson.

    La coherencia de esa camaleónica heterogeneidad (hay soul, reggae, sonido 60’s, electro, trip-hop) se debe a la soberbia producción, ligeramente downtempo, de Adrián Quesada. Él es también el cerebro tras los Echocentrics, que aquí intervienen en la canción más atractiva, un Adiós que refulge con un órgano psicodélico de aires exóticos (¿camboyanos? ¿etíopes?) y un aire racial en la forma de cantar de Clavier que no desentonaría en una producción de Las Grecas. Otro teclado sesentero domina la evocadora This Love.

    Otra de las grandes sorpresas es Nada, producida por Ticklah, un reggae que, junto a Si amor llega, es lo más parecido a lo que la argentina ha hecho con Thievery Corporation, mientras que El tren, recuerda a los primeros Portishead o Volar remite a Aterciopelados.

    No pretendo con estas comparaciones destacar una presunta falta de originalidad en la música de Natalia Clavier. Al revés: se trata de subrayar su capacidad (y la de Quesada) para navegar en la diversidad, en una suerte de pop global creado con buen gusto. Si en futuras grabaciones Clavier se centra en cantar en castellano, su propuesta seguramente ganará en fuerza.

    Darío Manrique

    Natalia Clavier Lumen (2013, Nacional Records)

     

    A continuación puedes esuchar y bajarte “Adiós”, uno de los cortes del nuevo álbum en el que Quesada suma a Echocentrics

     

  • El DJ neoyorquino plasma en una recopilación su sesión mensual en Barcelona, Turntables on Las Ramblas, muestra de eclecticismo global dirigido al baile.

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    Desde mediados de 2012 se celebra todos los meses en Barcelona, entre los clubes Ocaña y Marula, la sesión Turntables on Las Ramblas, extensión catalana de Turntables on the Hudson, las fiestas que Nickodemus organiza desde 1998 en Nueva York. Con la base asentada del house y el funk, el DJ neoyorquino ha prestado desde el principio de su carrera especial atención a los ritmos latinos, un concepto ensanchado en los últimos años hacia la música africana, del Este de Europa o de Medio Oriente.

    Desde el principio de la sesión neoyorquina, Nickodemus ha publicado recopilaciones periódicamente, y ahora es el momento de la primera relacionada con Barcelona, un disco enormemente variado en el que además de incluir su propia remezcla de No soy del valle, un tema colombiano de Flowering Inferno, nueva encarnación de Will Quantic Holland, reúne a talento local como el brasileño establecido en la Ciudad Condal Wagner Pá o La Troba Kung Fú.

    “Tener un flujo constante de turistas y viajeros puede ser tanto una bendición como una maldición para una escena musical”, cuenta Nickodemus a Radio Gladys Palmera: “Creo que Barcelona ofrece muchas opciones, tanto para los que viven en la ciudad como para los turistas que buscan música y buenas vibraciones. En cualquier periodo, como el actual, en el que hay exceso de música comercial de baile, la reacción alternativa es profundizar en el underground, en salas pequeñas como las que abundan en Barcelona. Llevo viniendo mucho a la ciudad desde hace años y conozco a muchos DJs de nivel en Barcelona, así que pensé en hacer aquí la primera ramificación mensual de la fiesta del Hudson. Las hemos hecho en el Támesis [Londres], en el Danubio [Budapest] y muchas otras, pero Barcelona es la ciudad a la que siempre quiero volver. Poco después empecé a hacer Turntables on the Nile en El Cairo, pero sólo se celebra dos veces al año”.

    Aunque la favorita personal de Nickodemus en el disco Turntables on Las Ramblas (Wonderwheel recordings) sea la remezcla de Pablo Sánchez de Dandillion, de Funkcommunity (“representa no sólo la unión de un neozelandés, un venezolano y un neoyorquino en Barcelona, sino que me recuerda a un verano mágico en la ciudad”), en el repertorio del recopilatorio destacan dos estupendas canciones latinas: Macaco, de los peruanos Novalima, y la citada No soy del valle, de Will Holland, con el que Nickodemus ya trabajó hace años en la sobresaliente Mi swing es tropical.  “Me encanta No soy del valle, con la cantante Nidia Góngora Bonilla, que me recuerda a mis visitas a Cali, Colombia [adonde Holland se mudó hace unos años]. Le hice la clásica remezcla dub para la pista de baile y el diálogo musical entre ambos continúa. De Mi swing es tropical recuerdo estar grabándola en Puerto Rico bebiendo ron y café y luego pinchándola en una fiesta para comprobar que era un hit instantáneo en la pista de baile”.  Respecto al tema de Novalima, el DJ reconoce que la ha pinchado tanto que la ha tenido que poner en cuarentena, y ofrece su reflexión sobre la popularidad -a nivel subterráneo, aún- de la cumbia y la chicha en Europa y América del Norte: “Son estilos dinámicos y accesibles, tango para bailar como para relajarse, así que les está llegando el momento de brillar, como ocurrió en el pasado con el reggae. Me gustan particularmente sus fusiones con música balcánica, salsa, electrónica y house”.

    Aunque habla muy bien de las escenas musicales de El Cairo (prepara un disco de Turntables on the Nile) y Los Ángeles (“tiene algunas de mis fiestas favoritas de diferentes estilos musicales”), Nickodemus destaca la de su ciudad, Nueva York, que él mismo ha ayudado a alimentar: “Llevo pinchando y montando fiestas desde los 15 años. Comenzamos con Turntables on the Hudson porque necesitábamos un lugar para reunirnos todos los amigos después de años de pinchar en diferentes salas. Fue una de las primeras sesiones semanales al aire libre de Nueva York”.

    Darío Manrique

    Nickodemus presentará Turntables on Las Ramblas el próximo día 18 en El Sol (Madrid) y, en Barcelona,  el 19 (en Ocaña y, a partir de las 3 en Marula)

  • En su debut, la británica Laura Mvula se revela como una compositora de amplios recursos y profundas inquietudes artísticas, más allá de las cantantes de retrosoul que tanto se llevan.

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    La cantera de cantantes británicas parece un filón inagotable: cantautoras, poppies, indies, souleras… Pocos son los años que no nos dan tres o cuatro artistas interesantes. Una de las de 2013 es sin duda Laura Mvula (Birmingham, 1987), una vocalista que se podría encuadrar en las últimas categorías: tiene voz de soul, pero también formación clásica y unos gustos musicales que trascienden los habituales en “las nuevas Amy Winehouse” (¿acabará siendo más una Erykah Badu inglesa?).

    Por ejemplo, se nota que ha escuchado a Björk, algo patente en Make Me Lovely, que empieza con unos arreglos orquestales que recuerdan a Hyperballad, un fondo de terciopelo roto a continuación por una base percusiva (aunque la argamasa que la une sean instrumentos de viento más que tambores o similares). En esa canción ya se ven los elementos que se repiten a lo largo de Sing to the Moon, como los coros que construyen catedralicias armonías vocales, o instrumentos como la celesta y el arpa. Esos elementos (coros, arpa) suelen usarse habitualmente por la evocadora belleza de su timbre, pero Mvula y el productor Steve Brown consiguen darle una intención ligeramente más enigmática y psicodélica.

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    Mvula también juega con la fórmula del quiet-loud-quiet, esos cambios de dinámica (e incluso volumen) presentes en la impresionante Like the Morning Dew. La parte más soul-pop, que también la tiene, tiene su punto álgido en el fantástico single Green Garden, que puede sonar a Janelle Monae, con sus palmas y sus vocces filtradas. Flying Without You, por su parte, está conducida por unos tambores casi marciales, acentuados por metales, como si de una banda militar se tratara. La letra, sin embargo, habla de un despegue personal tras un desengaño amoroso (“era un chico enamorado, sólo que no de mí”).

    También hay temas lentos: Can’t Live with the World se hace un poco larga, pero es una buena balada conducida -lo han adivinado- por el arpa y los coros. Father, Father es más austera, casi sólo con piano, coros y la voz de Mvula dando buena cuenta de que, además de por el conservatorio, ha pasado por agrupaciones de gospel.

    Aunque imagino que en su país la intentarán vender como otra sustituta de Amy (el primer single fue She, uno de los temas que más se acercan al soul genérico de revista femenina de moda), Mvula puede ser mucho más: parece estar llena de ideas, algunas de las cuales parecen medio formadas en este debut, pero las tiene y sabe cómo desarrollarlas pues también tiene la formación. Pese a sus estudios de composición en el conservatorio (o gracias a ellos), Laura Mvula escribe sus canciones con un programa de iPad. Gospel, tablets, soul, Björk… Mvula es una artista del siglo XXI, con las contradicciones que ello supone, y también con un apetecible futuro por delante.

    Darío Manrique

    Laura Mvula Sing to the Moon (RCA, 2013)

     

  • El israelí tiene una voz única, casi femenina. A través de ella juega con referencias de ayer y hoy, del soul al trip-hop o la canción de autor, en su interesante debut en solitario.

     

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    Antes de seguir leyendo, por favor dale al play en el vídeo que aparece en la parte inferior de esta página y mira la foto del muchacho con cresta, que es Asaf Avidan. ¿Ya? Sí, efectivamente, parece mentira que de ese maromo salga una voz tan fantasmagórica y, sobre todo, femenina como la que canta Different Pulses, el single que da título a su primer álbum en solitario, cuarto si contamos los que grabó entre 2008 y 2010 como Asaf Avidan & the Mojos. Incidiendo en la excentricidad -voluntaria o no- que recorre su carrera, hay que recordar que Reckoning Song, un tema de 2008, fue retrabajada el año pasado por el DJ alemán Wankelmut y la remezcla resultante fue número 1 en países como Austria, Italian, Holanda, Alemania o Bélgica.

    Natural de Jerusalén y con 33 años recién cumplidos, Avidan es una de esas rarezas con las que tanto disfrutamos en Radio Gladys Palmera. Su voz le sitúa en la senda de cantautores modernos excéntricos tipo Joanna Newsom, aunque con menos pose mística y más soul en la garganta, como en canciones como Love It or Leave It o Cyclamen, que le acercan a una Amy Winehouse no tan ortodoxa.

    Pero tal vez la esencia del israelí -o la faceta que más le gusta al que esto escribe- está en la segunda mitad del álbum, en baladas como Thumbtacks in my Marrow o -gran título- Conspiratory Visions of Gomorrah, enmarcada por unas trompetas latinas y coros de spaghetti-western sobre una base electrónica.

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    The Disciple, por su parte, evoca el onírico ambiente de los primeros Portishead, y Avidan canta con el dulce abandono de una Beth Gibbons. Pero la canción de mayor intensidad, Is This It, trae anudados referentes más antiguos. Concretamente, al Suzanne de Leonard Cohen, pero cantado por Janis Joplin, como si el canadiense le hubiera regalado a la texana una canción después de su encuentro sexual en el Chelsea Hotel.

    También como Cohen, Avidan tira de referencias bíblicas en sus letras: Lot y la Gomorra de Conspiratory…, Abraham e Isaac en Is This It, el ángel y el discípulo de The Disciple… En esta última Avidan también sitúa las coordenadas geográficas en las que vive, con un enigmático verso: “Todo lo que han visto estos ojos, esta vez se han pasado de la raya, creo que empaquetaré mis mierdas y cruzaré a Palestina”.

    Tras disfrutar de Different Pulses, estaría bien ver a Asaf Avidan en directo. Que yo sepa, aún no ha pisado España (en Francia, por ejemplo, hace giras bastante extensas). A ver si se anima: verle cantar de cerca debe de ser magnético.

    Asaf Avidan Different Pulses (Telmavar Records, 2013)

    Darío Manrique

  • Como niños jugando a disfrazarse, Foxygen disfrutan -y nos hacen disfrutar- vistiéndose de los Kinks, Dylan o los Stones.

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    La revisión del pasado es el futuro, parecen querer decirnos grupos como Foxygen, que le servirían a Simon Reynolds en su libro Retromania para demostrar su tesis de la omnipresencia de lo ya vivido y, sobre todo, oído. A sus 22 años, Sam France y Jonathan Rado llevan sus influencias tan al aire, se les ven tan a las claras que uno deduce que es pura pasión juvenil lo que les lleva a travestirse de Bob Dylan, los Stones o los Kinks. La mayor parte de las comparaciones se las lleva France, el cantante, que imita a la perfección el tono juguetón y displicente de Ray Davies en varias canciones (In the Darkness, San Francisco, Shuggie). Otras veces juega a ser el Dylan de 1965, especialmente en No Destruction, tema en el que la música le acompaña hasta tal punto que se escucha un órgano que podría estar tocado por Al Kooper en las sesiones de Highway 61. En la letra, lo que parece un homenaje al Five Years de David Bowie (“I think I saw you in an ice-cream parlour/ Drinking milk shakes cold and long”), solo que Foxygen dicen: “That I caught you sipping milkshakes in the parlour of the hotel” (“Te pillé sorbiendo batidos en el salón del hotel”).

    En On Blue Mountain canalizan a los Rolling Stones de Under My Thumb, con un curioso desvío al estribillo de Suspicious Minds, mientras que la canción que da título al álbum es más garajero/frat-rock…

    foxygen de Angel Ceballos

    Podríamos seguir así durante unas cuantas líneas más, señalando las influencias que abundan en cada canción del primer elepé de los californianos. La duda que se le podría plantear a cualquiera que no haya escuchado a Foxygen es: ¿qué tiene de memorable un grupo que se dedica a plagiar a artistas del pasado, y no precisamente desconocidos? Pues tienen buenas canciones, sobre todo (como el encantador single San Francisco, en el que también recuerdan a un grupo menos lejano en el tiempo, como Belle & Sebastian). Y letras interesantes, que en ocasiones son más actuales que la música, como cuando en No Destruction France espeta a sus colegas hipsters: “Deja de comportarte como un gilipollas, ya no estás en Brooklyn”.

    We Are the 21st Century… pega un pequeño bajón en la segunda mitad: Da pena que en un álbum de 36 minutos de duración y nueve canciones una de ellas sea un instrumental de relleno (Bowling Trophies), y que la última, Oh No 2 -que en su psicodelia recuerda a contemporáneos como MGMT– se acabe haciendo larga y deslavazada. Queda la impresión de que no tenían suficiente material de altura, pero incluso así el debut de Foxygen merece la pena como desprejuiciada muestra de algo cercano al apropiacionismo, pero sin la coartada intelectual. En sus entrevistas, France y Rado, amigos de la infancia que llevan haciendo música juntos desde los 13 años, explican así su pasión retro: “Nos encanta la música de los 60 y los 70. No nos identificamos mucho con la música moderna”. ¿Pose? Podría ser, pero no lo parece.

    Darío Manrique