Mark Oliver Everett desentierra sensaciones positivas en otro buen disco de Eels

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Habrá quien ya se aburra del retrato mediático pintado en estos últimos 15 años de Mark Oliver Everett, pero no está de más repetirlo para que quede constancia del periplo vital que le ha llevado hasta este décimo trabajo: lanzado a mediados de los 90 a la estela del éxito de Beck, dio muestras de una personalidad y un estilo únicos (secos, irónicos, excéntricos, también llenos de sensibilidad) con su segundo álbum, tras el cataclismo vital de perder en muy poco tiempo -y de manera trágica- a su madre y su hermana, sucesos que contó en su franca autobiografía (Cosas que los nietos deberían saber, 2008). Durante los años que llevamos de siglo ha publicado discos más rockeros, más acústicos, más electrónicos, fieros o engañosamente mansos.

Wonderful, Glorious es de los rockeros, un álbum en el que se supone que a los estados de ánimo habituales en la obra de Eels (rabia, ironía, introspección) se añade cierto optimismo y alegría de vivir. Ocurre, pero muchas veces a la manera de Everett, es decir, desafiante: “Vais a lamentarlo cuando me vaya de la ciudad y me ponga manos a la obra para el despegue”, canta en The Turnaround, una de las pocas baladas del disco, y curiosamente la más tristona (junto a True Original; On the Ropes tiene un punto country más juguetón). El hombre-lobo de antaño ya no es una bestia peligrosa. Tampoco está exactamente domesticado, pero parece haber aprendido a buscar comida y caricias sin morder la mano que le da de comer, ni siquiera la suya propia.

Más autobiográfica aún parece la muy Tom Waits New Alphabet: “¿Sabes una cosa? Hoy estoy de buen humor/ Estoy tan contento de que no sea ayer/ Tío, fue brutal (…) supongo que se podía decir que tenía problemas/ pero ahora pinta bien, conseguí desenterrarme/ estoy cambiando de qué va la historia”. Peach Blossom, el primer single, abunda en la misma idea de renacimiento: “Oh, tío, sienta tan bien. Fue una larga y fría noche, pero luego salió el sol para derretir el hielo. Abre la ventana y huele la flor del melocotonero”.

Lo mejor de Wonderful, Glorious es -como en el resto de los discos de Eels- cómo todo suena fluido, natural, cero forzado, como si a Everett los ataques guitarreros, las soñadoras melodías de teclado, la voz de lija, las frágiles confesiones y las letras con carga explosiva (aunque sea positiva) le brotaran de los poros sin esfuerzo. Más allá del tono optimista de muchas de las canciones, que no es poco dada su historia, Wonderful, Glorious no supone nada especialmente nuevo ni rompedor en la discografía de Eels. Es, nada más y nada menos, otro buen disco de Mr. E. Y van 10.

Eels Wonderful, Glorious (E Works/Vagrant/Music as Usual, 2013)
Darío Manrique

http://eelstheband.com/

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