El rock-semilla de Andrea Echeverri

La cantante de Aterciopelados presenta en España su tercer disco en solitario, ‘Ruiseñora’.

Andrea-Foto de Claudia Parra

Acaba de llegar de viaje por carretera desde Cartagena, donde anoche actuó como invitada de Susana Baca dentro del Festival la Mar de Músicas. Sin tiempo para nada más, Andrea Echeverri (Bogotá, 1965) se baja del coche y empieza la entrevista. El miércoles 24 actúa en la Apolo 2 de Barcelona y el jueves 25 en la sala Taboo de Madrid, presentando Ruiseñora (Soyla Discos/Música es Amor), su tercer disco al margen de Aterciopelados, el grupo con el que ha construido una carrera musical fundamental en los últimos 20 años para el rock latinoamericano, y del que dice que tal vez en 2015 pueda haber nuevo álbum: “Parece una buena fecha, redonda”.

He leído que defines ‘Ruiseñora’ como “rock semilla”. ¿Por qué?

El concepto lo acuñó otra persona, me gustó y yo lo utilizo. Tiene que ver con los instrumentos, primero, porque no tiene batería y sí muchas maracas, maraquitas, maracones, chéqueres [todos ellos instrumentos de percusión con semillas en su interior]. Pero también tiene que ver con el concepto de sembrar pensamientos, que es bonito.

También lo has definido como “rocka de altiplano”. ¿Rocka como femenino de rock?

Sí, y porque Bogotá está en un altiplano. En la música colombiana hay una gran diferencia entre la música costeña y la del altiplano, y yo soy de montaña. Tal vez en Aterciopelados había un poco más de trópico porque a Héctor [Buitrago, su socio en el grupo] le gusta mucho, pero a mí no me fluye tanto.

¿Por qué esa decisión de no usar batería ni bajo?

No quería usar batería porque me tiene un poco harta. Mi voz es suave, y llevo veintipico años tocando con baterías, y cuando es un festival y la batería está al fondo pues bien, pero nosotros tocamos en sitios pequeños normalmente, la tengo muy cerca y se me mete por el micrófono. Además, los bateristas tienen habitualmente su onda… Y luego está que lo quería hacer yo, y he usado el cajón peruano, que no tiene unos patrones muy complicados, y puedes hacer un bombo con él. Todo el disco está hecho por mí, y he tocado lo que podía tocar, quería construir un ambiente bonito que acompañara mis canciones. Y la maraca y el cajón me fluyen.

En cuanto al bajo, quería utilizar un guitarrón de mariachi, pero precisamente Susana Baca me dijo que probara con una leona [instrumento de cuerda típico del son jarocho mexicano], mucho m´as pequeño, y me encantó.

¿Cómo fue la grabación en tu casa?

Fue muy rico, porque yo no soy músico, yo estudié arte, soy ceramista, y con la música me hacía falta esa cosa artesanal, de estarte todo el día y muchos días con una cosa. Y esa parte la hacía casi siempre Héctor. Y es muy rico, me encanta.

Es un disco con mucho mensaje feminista. ¿Era la primera idea o el concepto salió sobre la marcha?

Salió de una pelea, tal cual. Mejor no contar la pelea… En la pelea me dijeron que yo era el ser más violento del planeta, y por eso esa canción que se llama Guerra, que dice “guerra dentro de mí”. Habla de una manera que tenemos los artistas de conjurar esos demonios. Puede que tenga guerras y agresividad, pero también tienes creatividad para hacerte casi una terapia.

El título, ‘Ruiseñora’, aparte de una sonoridad bonita, incluye la palabra “señora”, como en una reivindicación de la edad, una de las discriminaciones más presentes en la sociedad actual, en la que parece que sólo lo joven es bello, sobre todo para las mujeres. ¿Es así?

Sí, hace poco, en una aeropuerto estaba viendo [tele]novelas y en las novelas ya no hay viejitas ni señoras siquiera, todas son pelirrojas y tienen botox. Es una sociedad que piensa que lo único importante es la juventud, la belleza y el sexo.

Además, la palabra ruiseñora no existe, me enteré después. Yo quería crear un espacio femenino y me inventé una palabra en femenino, es perfecto. Tiene la simbología del canto, por un lado, y por otro contiene la palabra señora.

Andrea Echeverri-Foto de Andrez Zuluaga

El disco lo has autoproducido, autoeditado…

Sí, autotodo. Mi sello se llama Soyla Discos. Es como un chiste: soy la que barre, soy la que cocina…

¿Cómo ha sido la experiencia? ¿Te ha robado mucho tiempo?

Me encantó, te quita difusión, pero te da independencia artística, puedes crear a tu ritmo…No tienes que ir a reuniones, no tienes que consultar a nadie si les gusta, o cuándo saldrá… Vas a tu ritmo.

Te has definido como ceramista, antes que músico, y la edición de lujo de ‘Ruiseñora’ incluía una medalla de barro hecha por ti. ¿Qué te atrae de la cerámica que no te da la música?

Es una cosa muy privada, nada que ver con la música. Estar allá embarrada y que nadie te tome fotos es delicioso.

¿Cómo fue el concierto con Susana Baca en Cartagena?

Fue divino, ay doña Susana, qué cosa, qué delicadeza. Se diría que no tenemos mucho en común, pero se ha desarrollado una bonita amistad entre nosotras, y hasta canta en mi canción Florence. En Cartagena estuvimos con Martirio, que no la conocía, y es chévere. Creo que cantamos en un registro parecido.

¿En qué consistirán las actuaciones de Madrid y Barcelona?

Estaré yo sola, con una pedalera que hace loops: meto pitos, voces, capas de armonía. Mi música es muy sencilla y repetitiva, y parece estar hecha para este aparato. La melodía de la voz es la que cambia, pero la base se mantiene.

Darío Manrique

Andrea Echeverri actúa el miércoles 24 en la Apolo 2 de Barcelona (21:30 h., 11,50 €) y el jueves 25 en la sala Taboo de Madrid (21:30 h., 11,50 €) Más info

http://www.andreaecheverri.com

 

 

 

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