Como niños jugando a disfrazarse, Foxygen disfrutan -y nos hacen disfrutar- vistiéndose de los Kinks, Dylan o los Stones.

foxygen_future_beats

La revisión del pasado es el futuro, parecen querer decirnos grupos como Foxygen, que le servirían a Simon Reynolds en su libro Retromania para demostrar su tesis de la omnipresencia de lo ya vivido y, sobre todo, oído. A sus 22 años, Sam France y Jonathan Rado llevan sus influencias tan al aire, se les ven tan a las claras que uno deduce que es pura pasión juvenil lo que les lleva a travestirse de Bob Dylan, los Stones o los Kinks. La mayor parte de las comparaciones se las lleva France, el cantante, que imita a la perfección el tono juguetón y displicente de Ray Davies en varias canciones (In the Darkness, San Francisco, Shuggie). Otras veces juega a ser el Dylan de 1965, especialmente en No Destruction, tema en el que la música le acompaña hasta tal punto que se escucha un órgano que podría estar tocado por Al Kooper en las sesiones de Highway 61. En la letra, lo que parece un homenaje al Five Years de David Bowie (“I think I saw you in an ice-cream parlour/ Drinking milk shakes cold and long”), solo que Foxygen dicen: “That I caught you sipping milkshakes in the parlour of the hotel” (“Te pillé sorbiendo batidos en el salón del hotel”).

En On Blue Mountain canalizan a los Rolling Stones de Under My Thumb, con un curioso desvío al estribillo de Suspicious Minds, mientras que la canción que da título al álbum es más garajero/frat-rock…

foxygen de Angel Ceballos

Podríamos seguir así durante unas cuantas líneas más, señalando las influencias que abundan en cada canción del primer elepé de los californianos. La duda que se le podría plantear a cualquiera que no haya escuchado a Foxygen es: ¿qué tiene de memorable un grupo que se dedica a plagiar a artistas del pasado, y no precisamente desconocidos? Pues tienen buenas canciones, sobre todo (como el encantador single San Francisco, en el que también recuerdan a un grupo menos lejano en el tiempo, como Belle & Sebastian). Y letras interesantes, que en ocasiones son más actuales que la música, como cuando en No Destruction France espeta a sus colegas hipsters: “Deja de comportarte como un gilipollas, ya no estás en Brooklyn”.

We Are the 21st Century… pega un pequeño bajón en la segunda mitad: Da pena que en un álbum de 36 minutos de duración y nueve canciones una de ellas sea un instrumental de relleno (Bowling Trophies), y que la última, Oh No 2 -que en su psicodelia recuerda a contemporáneos como MGMT– se acabe haciendo larga y deslavazada. Queda la impresión de que no tenían suficiente material de altura, pero incluso así el debut de Foxygen merece la pena como desprejuiciada muestra de algo cercano al apropiacionismo, pero sin la coartada intelectual. En sus entrevistas, France y Rado, amigos de la infancia que llevan haciendo música juntos desde los 13 años, explican así su pasión retro: “Nos encanta la música de los 60 y los 70. No nos identificamos mucho con la música moderna”. ¿Pose? Podría ser, pero no lo parece.

Darío Manrique

 

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