El cantautor Hugh Coltman consigue en Zero Killed un álbum variado y elegante.

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Los músicos expatriados suelen ser pequeñas rarezas, gente que por diferentes circunstancias vitales encuentran su casa artística en un país que no es el suyo. No incluyamos en ese grupo a los músicos de la “periferia” que acaban en los centros musicales anglosajones (EE UU, Reino Unido): es lo más habitual. El caso de Hugh Coltman es el opuesto: nacido en Inglaterra, ha pasado los últimos 13 años en París, donde goza de una modesta popularidad, tras disolver su grupo de los años 90, The Hoax, dedicados al blues-rock.

Nada queda de blues en el segundo disco en solitario de Coltman, un álbum de cantautor pop. Curiosamente, y aunque los músicos que tocan con él sean franceses, no se ha producido un proceso de mimetización musical al medio. Coltman no canta en francés ni su música tiene demasiadas características galas. Está presente, sin embargo, la huella de Love, Rufus Wainwright, Van Morrison, Tom Waits…

Zero Killed es un disco deslumbrante en su comienzo: Underground recuerda al Wainwright más melancólico, con unos soberbios arreglos de metales; Isolation es un single claro, de aires blue-eyed soul; Carnival es una preciosa balada setentera con cuerdas, guitarra acústica y unas buenas armonías vocales, elementos que se repiten, con gusto, a lo largo de todo el disco. En una primera escucha parece que a partir del cuarto o quinto tema el álbum flojea, pero afortunadamente es un espejismo. Coltman muestra clase en todo lo que canta y toca, y aunque no todos sus temas tienen el encanto instantáneo de esos tres primeros, no hay relleno en las 13 canciones: The End of the World se revela como otro buen single (de hecho, es el primero extraído de Zero Killed), Stranded es una soleada joyita acústica, Sticks and Stones es el número más rockero…

Dejen que me corrija: sí hay algo muy francés en Zero Killed. Probablemente lo sea la atención al detalle en la producción y los arreglos, algo de lo que pueden presumir muchos buenos discos del país vecino. Coltman ha sabido aprovecharse de ello. El resto, la variedad de las composiciones, las letras elaboradas y la elegancia en su expresiva voz, lo pone él.

Darío Manrique

www.hugh-coltman.com

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