Joe Henry nos ha dado algunos detalles de los proyectos en los que está involucrado actualmente como productor, además de confirmarnos que está escribiendo temas para su siguiente álbum de estudio, el sucesor del magnífico Reverie (Anti, 2011), que grabará entre el verano y otoño de este mismo año.

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Después de la publicación de Tooth & Nail (Dine Alone Music, 2013) de Billy Bragg, el próximo estreno en el que veremos a Joe Henry como productor será el segundo álbum del músico y actor Hugh Laurie. Henry se ha vuelto a rodear de su equipo habitual de trabajo, con el extraordinario Jay Bellerose en la batería y Ryan Freeland en las mezclas.

Ahora mismo Freeland está mezclando otro ambicioso proyecto con música de la era de la Guerra Civil norteamericana, que se publicará con casi toda probabilidad este año y en el que Henry ha contado con la participación de T Bone Burnett, Chris Hillman (The Byrds, Flying Burrito Brothers.), Taj Mahal, John Doe, y The Carolina Chocolate Drops entre otros.

A finales de este mes Joe Henry producirá su segundo álbum para el dúo Over The Rhine y tiene previsto colaborar de nuevo con el pianista Allen Toussaint. Si le queda tiempo este año producirá el disco con el que los veteranos del skiffle británico, Chas & Dave celebrarían cincuenta años de carrera.

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A continuación recuperamos la entrevista que mantuvimos con Joe Henry en nuestros estudios en su última visita a nuestro país, en 2010. Entonces su álbum más reciente era Blood From Stars (Anti, 2009)

 

Hace exactamente un año tuve la oportunidad de entrevistarte en Barcelona con motivo de tu actuación en el festival Primavera Sound 2009. En esa ocasión, hablamos sobre tu trabajo como compositor y productor. En la recta final de nuestro encuentro, me escribiste en una servilleta tres palabras: Carolina Chocolate Drops. Desde entonces, he tenido la ocasión de escuchar Genuine Negro Jig (Nonesuch Records, 2009), el disco de esta banda que estuvo recomendado durante varias semanas en Radio Gladys Palmera. También pude verles en concierto y entrevistarles en el festival South by Southwest 2010 en Austin (Texas), y creo que este proyecto define muy bien tu trabajo como productor.

 

¿Cómo llegaste a este trío? ¿Fue un descubrimiento tuyo o alguien te propuso la producción del disco?

Las dos cosas. Soy muy amigo del director de Nonesuch Records, que forma parte de Warner Bros. Sabía que había fichado a Carolina Chocolate Drops, y él me habló de ellos una vez de paso, y leí también un artículo sobre ellos. Mis padres les vieron por casualidad en un concierto en Carolina del Norte y me comentaron lo bueno que fue. Sonó una campanita en mi cabeza y yo intento escuchar siempre esas alarmas cuando suenan. Llamé a mi amigo David a Warner Bros. y le dije: ¿qué pasa con los Chocolate Drops? ¿Como puedo conseguir una entrevista? Tuve una conversación telefónica con ellos y les convencí para que me dieran el trabajo.

 

Hay una frase de uno de los miembros de Carolina Chocolate Drops que me entusiasma: “La tradición es una guía, no una ley obligatoria. Jugamos con las costumbres tradicionales pero somos músicos modernos“. ¿Te sientes identificado con eso?

Completamente. En cierto modo, los géneros sólo existen para describir las cosas después del hecho. No tienes que ser limitado a la hora de revisar y utilizar las tradiciones. Es un vocabulario gratuito y para todos. Si eres libre tienes que serlo de verdad: libre de ignorarlo, libre de referenciarlo, adoptarlo, o cualquier combinación de todo esto. Tengo mucho respeto a los que honran la tradición sin sentirse definidos por ella. Estoy claramente influenciado y guiado por grandes tradiciones musicales, igual que Carolina Chocolate Drops pero no me quiero sentirme limitado y me molestaría si escuchara una voz en mi cabeza diciéndome que tengo el derecho de hacer determinadas cosas dentro de una tradición, y que no lo tengo para hacer otras. Es un lenguaje, la música es un lenguaje, tenemos un vocabulario a nuestra disposición pero tenemos que hablar desde lo cotidiano, siempre desde el presente.

 

Blood From Stars, tu último trabajo de estudio, sigue la estela del disco que publicaste en 2003, Tiny Voices, trabajo que considero como uno de los álbumes más profundos y destacables de la última década. ¿Cómo llegaste de nuevo a ese dramatismo y a esa crudeza sonora?

Fácil…invitando a las personas adecuadas a la mesa (sonríe). Crear un disco tiene mucho que ver con hacer una película. Eres el director y reúnes a personas de buena fe que traen una cierta generosidad creativa a la mesa. Tengo mucha suerte de trabajar con artistas muy capacitados que son generosos con su talento y muy comunicativos en su reflexión musical. Marc Ribot es un ejemplo perfecto. No es complicado crear dramatismo si está Marc Ribot. Solo tienes que invitarle, no hace falta preguntarle dos veces. Vale para muchos de los músicos con los que trabajo. Por ejemplo, Jay Bellerose. No hago nada si no incluyo a Jay. Tiny Voices fue el primer disco que hicimos juntos. Es un colaborador musical increíblemente comunicativo. A Jay y Marc, les encanta tocar juntos. Sólo tienes que invitarles a los dos y las cosas pasan. La canción es sólo la hoja de ruta. Les dices: aquí lo tenéis, y pueden ir por donde sea.

 

En la grabación de Blood From Stars ¿Te permitiste improvisar y que tus músicos aportaran su propio punto de vista en el estudio?

Por supuesto, ya no hago más demos de canciones que son ejemplos de lo que imagino que podría sonar en conjunto. Mis demos son lo más rudimentarias posibles. Guitarra y voz, piano y voz, nada más. No quiero que los músicos estén limitados por mi imaginación. Les doy la canción y les digo: aquí están las palabras y la forma, y luego lo exploramos, así que está todo improvisado dentro del contexto de una determinada canción. Intento hacer suficiente trabajo  como escritor para que  una vez en el estudio esté completamente libre del texto de la canción. Cuando grabo me olvido de ese aspecto, ya he terminado ese trabajo. Quiero estar tan libre como los demás para descubrir como revelarla. Entonces empezamos todos a tocar, y escuchamos hasta donde la podemos hacer llegar

 

Es como en el jazz…

Sí, claro, es el mismo impulso. Cuando trabajas un pieza de música en la que crees y estás buscando una manera iluminarla, quieres que la canción sea como un ser vivo. Siempre puede ser distinto. Creo que la gran liberación en el hecho de hacer discos es abrazar la idea que siempre puede ser diferente, que no vas a encontrar el resultado definitivo. Si estás decidido a hacerlo, vas a predisponerte para el fracaso. Tienes que aceptar que hay muchas maneras para lograr una canción. Sólo hace falta encontrar una de ellas y comprometerte.

 

Además de músicos excepcionales como Marc Ribot, Jay Bellerose o Jason Moran, contaste una vez más con un personaje que creo es clave en tus grabaciones. Ryan Freeland. Por su manipulación del sonido y el tratamiento sonoro del álbum ¿lo consideras de alguna forma un miembro más del grupo?

Claro, es tan importante como cualquier otra persona en el estudio. Está haciendo igual o más que cualquier otra persona para adivinar y traducir la música que se transforma. Tienes que trabajar con alguien que sabe sacar la foto de grupo, no sólo lo que está pasando en el sonido de una determinada instrumentación sino lo que pasa cuando la música se eleva como el humo y se entremezcla, y sale una tercera voz. Ryan es tan importante para mí como cualquier otra persona con quien trabajo.

 

El joven pianista Patrick Warren también participa en el disco.

Le conozco desde mucho tiempo. Empezamos a trabajar juntos en Tiny Voices y ha participado en el noventa por ciento de los discos que he producido desde entonces. Parece muy joven pero es un poquito más mayor que yo. Es una persona encantadora y tiene una mente musical  increíble. Hace muchas cosas que son imposibles de identificar pero si las eliminas, la canción empeorará. Ha estado girando con Tom Waits el año pasado, acaba de tocar con Bob Dylan…creo que ya no es un secreto.

 

Aunque Blood From Stars tiene un cierto tratamiento eléctrico ¿te sigues presentando en directo con un set acústico?

Así es. Últimamente, me gusta el sonido de la guitarra acústica porque es muy humano. Las cuerdas y el cuerpo de la guitarra son muy diferentes cuando son guiados a través de un amplificador. También me encantan las guitarras eléctricas pero en directo, cuando las cosas pueden cambiar entre una sala y otra, o entre una y otra ciudad. Me gusta sentir las vibraciones de la guitarra contra mi cuerpo. Me siento más conectado a lo que estoy haciendo. Es muy visceral.

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Hablemos de algunos de tus trabajos recientes como productor. Este año tuve ocasión de escribirle a Ray Freeland, yo sentía mucha curiosidad por el trabajo que hicisteis para Salif Keita en París. Grabasteis varios temas pero finalmente, sólo se han publicado un par de temas en La Différence, ¿qué pasó?

Cierto. Grabamos juntos un disco entero. Tal y como lo entendí, Salif estaba contento con el disco pero no con la letra de las canciones. No sentía que sus estuvieran acabadas. Le pareció que la discográfica le presionaba para grabar temas sin terminar de escribirlos. Entonces, volvió al estudio. Como hecho interesante hay que decir que no volvió a grabar ninguna de las canciones que yo produje excepto una, “La Différence”. Es la única que volvió a grabar. Las puso todas a un lado. Pero tengo que decir que el disco que hicimos, aunque no se ha publicado y quizás nunca se publicará, es una de las piezas de música más excepcionales en las que he podido trabajar. De hecho, cuando estábamos en el avión de camino a Nueva York hace dos días, estaba despierto muy tarde en la oscuridad del avión con Jay Bellerose, escuchando en nuestros auriculares las mezclas de prueba del disco de Salif que nunca acabamos. Son increíblemente emotivas. Me gustaría que todo el mundo las pudiese escuchar.

 

Creo que se publicaron dos temas: “Folon” y “Papa”.

Sí y suenan como son: maravillosos. La música que tocó fue muy oscura, emocionante y lacónica. Es un artista único y muy especial. Espero que su música se escuche algún día. Fue una experiencia increíble trabajar con él de manera tan intensa.

 

Salif Keita representa y mantiene viva una tradición que luego han recogido otros músicos como, por ejemplo, Alain Toussaint.

Es la raíz de toda la música que aprecio. Trabajar con él fue una experiencia que me hizo sentir humilde. Vivíamos todos juntos en una casa en las afueras de París donde el estudio estaba en el sótano, y me acuerdo de una noche a la hora de cenar. Había una colección impresionante de vinilos en el cuarto de al lado. Pasábamos muchas horas comiendo, tomando un poco de vino y escuchando música. Una noche estaba poniendo discos clásicos de jazz de la colección del dueño del estudio, y uno de los jóvenes músicos de Salif me dijo a través del intérprete: “quizás te interesaría saber que mucha de la música que estás escuchando tiene sus raíces en África”. Me pareció la cosa más sincera que estaba compartiendo conmigo. Pensó que a lo mejor no sabíamos que toda la música que apreciamos tiene sus raíces en África. No lo dijo de mala fe. Sólo quería compartir de manera inocente que lo que estábamos escuchando venía de su continente. No supe que decir.

 

En la actualidad, hay una nueva generación de músicos que vuelven a reencontrarse con el legado del jazz americano, o directamente con la música de raíz africana.

Claro. Parece ser un pozo sin fondo ya que es la cuna de la humanidad. Todo empezó allí, y no estoy exagerando cuando digo que toda la música que aprecio tiene sus raíces en la tradición africana. Es un hecho. Resulta increíble trabajar con alguien como Salif y darme cuenta hasta qué punto sigue de cerca esta tradición. Fue una lección muy importante para mí. Un día estábamos hablando del uso de voces de coro en una canción. Hablando de la harmonía contra los cantos al unísono, lo apropiado. (En la música tradicional de Mali, muchos de los cantos se interpretan de esta manera). Yo quería escuchar una nota más en un acorde. Recuerdo a Salif diciendo, “lo que escuchas es Bob Marley, que no es de donde yo vengo”. Le respondí: “Salif, ¿no te gusta Bob Marley? Y ojalá hubiera podido evitar esta frase en aquel momento. Me di cuenta que le encantaba Bob Marley pero lo que hacía Bob era fruto de la tradición adoptada en América. Salif no necesita pasar por allí para entender lo que oye. Alguien me dijo después en los Estados Unidos que cuando se habla de tradición se habla del pasado. En cambio, cuando Salif habla de costumbres, se refiere a una tradición viva, no al pasado. Entonces, cuando dice “tradicionalmente esto es lo que hacemos”, se refiere a algo vivo, no a un vestigio. No es una mirada atrás a lo que se siente obligado a hacer por sus ancestros. Es un momento vivo y así es como hablamos. Es un lenguaje musical lleno de poder. Fue genial.

 

Se ha estrenado recientemente el nuevo álbum del pianista Mose Allison que tras doce años ha vuelto al estudio de grabación. ¿Fuiste tú quien le convenció para volver a grabar?

Sí y me pasé un año persiguiéndole. Le invité a un festival en Alemania donde fui comisario como pretexto para trabajar con él porque le admiro enormemente. Sabía que ya no grababa desde hacía mucho tiempo. Pasamos unos días juntos en Alemania. Me obsesionaba la idea de que quizá, todavía tenía algo que decir y que teníamos que grabar un disco. Mantenía una gran amistad con su esposa, una profesora de inglés jubilada. Empezamos a comunicarnos por email sobre literatura y poesía. Ella fue quien me animó, y me dijo que sí realmente quería hacer un disco con Mose tendría que seguir persiguiéndole. Es lo que hice y finalmente, después de responderme que no durante más nueve meses, me dijo, “¿cómo seríay si fuéramos a grabar un disco?” Al final, ¡lo logré!

 

Este año he presenciado cosas muy curiosas: Mose Allison edita un nuevo álbum y trasciende, la gente en el festival South By South West de Austin se volvía loca con la actuación de Carolina Chocolate Drops; al mismo tiempo bandas como Midlake o Bowerbirds triunfan en todo el mundo con su inspiración en el soft rock de los 70 y el folk de los 60 respectivamente. Aquí en Barcelona lo mejor que vimos en un festival de música alternativa fue, con permiso de Wilco,  a Van Dyke Parks sentado frente a su piano… ¿La mejor música del futuro es la mejor revisión del pasado?

Muy posiblemente. Yo no pienso en términos de edad. Este año he trabajado con 3 músicos que tienen más de 80 años, Mose Allison, Harry Belafonte y acabo de producir un par de canciones con Jimmy Scott para una banda sonora, y tiene 84 años! No hay nada retrogrado en esto. Harry Belafonte y Jimmy Scott son tan modernos, nunca he trabajado con gente más moderna que ellos, como personas. Entonces, claro, el próximo paso importante puede venir de una persona como Van Dyke o un músico de 17 años o una banda de adolescentes. La industria de la música no da valor a los artistas de una cierta edad. Ya sabemos lo que eres, ahora te dejamos de lado. Pero la experiencia de la vida nos dice otra cosa. Y pienso que Van Dyke es un genio. Ha estado muchas veces en mi casa, ha grabado muchas veces en mi casa. Es super natural.

 

Y Bob Dylan acaba de cumplir 69 años y parece sentirse como un chaval.

Jejejeje…¡Harry Belafonte piensa que Bob es un niño! Jimmy solo quiere cantar, Jimmy es como una bombilla encendida, fue completamente alucinante estar en una habitación con él y escucharlo. Es como una persona sólo conectada por la mitad a este mundo.

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Hablando de veteranos, este año hemos perdido al gran compositor y productor Willie Mitchell. ¿Cómo te afectó?

Mitchell fue un arquitecto jefe con un estilo de música muy significativa para muchos de nosotros. Sólo tienes que escuchar “Let’s Stay Together” de Al Green, y el gran disco de Ann Peebles, I Can’t Stand The Rain, un disco de una cantautora con poco reconocimiento, a pesar de de ser un icono del soul. Pero una vez más, no pienso tanto en términos de géneros. En él, hay un vocabulario muy rico, y Willie Mitchell fue un arquitecto increíblemente importante de una música revolucionaria y popular. Piensa en la última vez que algo fue así, como “Let’s stay together”. He hablado últimamente mucho de este tema con mis amigos. Cuando iba al instituto cerca de Detroit, se publicó el disco Songs In the Key of Life de Stevie Wonder. Estaba por todas partes, sonaba en todos los coches, las tiendas, y no sé cuándo fue la última vez que algo fue tan genial y universal. O mejor dicho, la última vez que algo tan popular fue tan genial. Y Willie Mitchell estuvo involucrado en varias cosas que fueron a la vez muy accesibles, profundas e importantes a nivel emocional.

 

¿Qué otros productores admiras? ¿Te gusta lo que está haciendo gente como T Bone Burnnett?

T Bone es mi padrino profesional. Fue el primero que me animó a producir a alguien que no fuera yo mismo. Es la persona que visito cuando tengo un problema, ya sea a nivel musical, profesional o espiritual. Ha sido un mentor para mí. Junto con Alain Toussaint, que es también un amigo y consejero. He tenido mucha suerte. Tradicionalmente, no hay muchos productores exitosos que sigan encontrando el equilibrio entre el hecho de ser músico y compositor. La gente empieza por lo general haciendo una cosa y termina haciendo otra. Hay muy pocos que sigan combinando los tres elementos. Soy muy afortunado de tener mentores que me ayuden con esta idea, y conozco a T Bone y Alain Toussaint desde hace mucho tiempo. Los dos todavía practican las tres cosas en una gran amalgama caótica de maestría. Así que, efectivamente, T Bone es muy importante para mí, tanto a nivel personal como musical. Le admiro muchísimo. Con todo el trabajo que tengo, ya no dispongo de tanto tiempo para escuchar música contemporánea. Estoy seguro de que hay de muy buena pero no la conozco. Cuando vuelvo a la música para alimentarme sigo escuchando la misma que hace cuarenta años. Vuelvo con Duke Ellington y Louis Armstrong, Woody Guthrie, Lightening Hopkins, Robert Johnson y Lead Belly, Ray Charles…no puedo dejar de escucharles.

 

¿Nos puedes desvelar algo sobre tu nuevo trabajo con Aaron Neville para la banda Over The Rhine?

Acabo de terminar un disco con ellos. De hecho, lo estaba mezclando el día antes de venir a España. Es fantástico, muy por encima de lo que esperaba. Ha sido un proyecto increíble, son colaboradores geniales, compositores maravillosos y Karen es una cantante estupenda. Creo que es un disco muy profundo. Justo antes, hice un disco de viejo góspel y música espiritual con Aaron Neville, con la participación de Alain Toussaint en el piano. Fue un proyecto muy intenso. Catorce canciones en tres días. Muy emotivo.

 

Supongo que es un disco de versiones…

Sí. Toda la música fue antigua. Como los principios de The Staples, Soulsters, Lead Belly, Big Bill Broonzy, todo con sus raíces en las tonalidades de gospel.

 

Alex García

 

 

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