Jorge Drexler, el premiado cantautor uruguayo, se lanza por un camino insólito, el de las  aplicaciones para tabletas y móviles. La peculiar “app” se llama “n”, una aplicación musical interactiva que el mismo compositor nos enseñó en los estudios de Radio Gladys Palmera en Barcelona

Jorge-Drexler

Jorge Drexler:  Es muy sencillo. Son canciones en las que puede intervenir el oyente. Y el oyente puede determinar el rumbo de la canción. En algunos casos cambiando las letras y la melodía, en otros cambiando los arreglos, en otros cambiando los cantantes invitados a participar…cada canción tiene un mundo diferente de interacción. Cada vez que abres la canción y la escuchas, la canción es distinta. Son canciones que están hechas para estar en movimiento. Como una escultura móvil, que si estuviera quieta perdería toda su gracia. Estas canciones son líquidas, para estar en movimiento, para que la gente las modifique.

¿De dónde viene esa idea? Te conocemos como cantautor, y aquí te encontramos en el mundo virtual.

Siempre estamos en el mundo virtual. Una canción es un ejercicio de virtualidad. Aunque estés cantando una canción solo con una guitarra, estás de alguna manera trayendo a la realidad una emoción que viene de otro lado y trasmitiéndola a través de un canal directo hasta otra persona. Puede ser a través de un medio tecnológico o sentado frente a ti. Siempre se trata de evocar cosas. En este caso va un poco más allá y el oyente no solo recibe cosas, también da, genera parte del destino de la canción.

¿Y la idea…?

Unos amigos que hacen aplicaciones me dijeron “nos gustan tus canciones, ¿no quieres hacer algo?” Al principio surgió una propuesta para hacer un catálogo de canciones donde elegías unas variables en la selección. Pero dije que me gustaría escribir un género de canción que sólo tuviera sentido en una aplicación. Estas canciones no tienen una versión definitiva, la puedes grabar en un disco pero hay millones y millones de versiones. La aplicación te da la opción al final de guardarla en tu disco duro o de compartirla en una red social o por email pero esta versión que has hecho tú será una de las millones de versiones que hay. No va a ser la única.

Me gustan mucho los experimentos poéticos así que empezó siendo un experimento de combinación de palabras y música. Creo que es un género nuevo de canciones – le llamamos “aplicacanciones” que es un nombre muy feo pero muy descriptivo de lo que pasa.

El diseño es muy esmerado

Sí, tenemos un equipo de diseño increíble. También los programadores, el equipo de ingenieros. Parte del equipo es de Barcelona, la gente de Reactable, que dieron gran parte de las soluciones tecnológicas. Eran los únicos que encontramos, en una búsqueda mundial, capaces de resolver determinados problemas tecnológicos asociados al audio, a la música. Esto no se ha hecho en ningún lugar en el mundo y tiene un nivel de programación de audio que no he visto en ningún otro programa, salvo en el propio Reactable.

Parece muy sencillo y hasta estaba pensando que a mis niños les encantaría…

Los niños entienden muy bien las tabletas, y los ancianos. Es algo muy intuitivo. Pones el dedo arriba y lo mueves. Me interesaba más eso que el entorno del ordenador, done tienes un mouse, una intermediación.

Hay tres canciones y cada una está enfocada en diferentes aspectos del proceso musical.

Habitación 316 es la combinación de textos, cuenta la historia de dos extraños que se encuentran en una habitación de un hotel y las casi infinitas versiones de lo que allí pasó. El usuario determina lo que pasó. Están limitadas las acciones pero se pueden combinar y el resultado determina más aproximación o más distancia entre las personas.

La segunda se llama Madera de Deriva, es una canción que habla cerca del devenir en la vida y de ir aprendiendo del trayecto errático que a veces tiene uno en la vida, creciendo con los lugares y las cosas que van visitando. Y de la misma manera en que uno va creciendo y acaba siendo un poco los sitios por los que anda, la canción también crece con los sitios en los que suena.  Cuando la recibes viene como un niño, viene desnuda, sólo con la voz, y tienes que ir agregándole, ganándote los instrumentos, desplazándote en diferentes direcciones.

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La aplicación utiliza geolocalización  para buscar los instrumentos

Cada grupo instrumental está localizado en áreas del planeta. El globo de la tierra está cuadriculado en áreas de 500m de lado y cada 500m aparece un instrumento nuevo.

Componer para una aplicación así tiene que ser completamente diferente a todo

 Es totalmente distinto y da muchísimo más trabajo. Porque la canción no sólo tiene que funcionar en la secuencia que la escribes, sino que tiene que ser una canción hecha para estar en la intemperie. Tienes que construirla de manera que la pongas en la peor de las situaciones, que todo el mundo juegue y la toquetee y que siga teniendo sentido. Son canciones que resisten al caos, es más, lo piden, lo necesitan. Se alimentan del caos, son canciones que navegan en el caos.

La primer canción, Habitación 316, tiene 38 versos, 19 cortos y 19 largos que alternas, y todos tienen sentido con todos. Un amigo matemático del equipo hizo el cálculo de la cantidad de posibles versiones de la canción, y es de 1027.

Ya estamos entrando en mundos tecnológicos que van por encima de nuestra capacidad intelectual, ¿no crees?

El mundo ha siempre estado por encima de nuestra capacidad intelectual, en general, no sólo ahora en la era tecnológica. Siempre ha habido cosas que el hombre no lograba entender, de lo contrario no existirían ni las religiones ni las filosofías. La realidad siempre ha estado por encima de nuestra capacidad intelectual porque el intelecto no es capaz, por sí sólo, de percibir la realidad. Necesita otras cosas, necesita la emoción, la intuición.

Siempre aclaro que este no es un proyecto tecnológico. La tecnología es una herramienta poética para conseguir un fin artístico. Lo que me interesa es que son canciones líquidas, canciones intervenibles. Todos los que participamos, incluso en el área específica de programación y tecnología, sabíamos que lo importante era el resultado artístico.

 Y el look, la parte visual, es orgánico

Me alegro, esa es la idea.

 ¿Y la tercera canción?

La tercera es la más complicada de todas. Décima a la Décima está basada en una estructura métrica de verso que se llama “Décima Espinela”. Se asemeja al soneto, por ejemplo. La décima es un tipo de versificación que existe prácticamente sólo en el idioma español. Son diez versos con una estructura de rima muy compleja. Elegí este tipo de verso porque está vivo en todos los países latinoamericanos. Cada estrofa está compuesta de diez versos, y cada verso tiene diez opciones. Es decir,  es cómo una décima cúbica. Se llama Décima a la Décima y tiene 1010 resultados posibles que son diez mil millones de combinaciones. Cómo era muy complicado ir leyendo los versos y eligiéndolos, invité a otros nueve cantantes, así que lo que hace e usuario es ir eligiendo los cantantes. El texto también es combinatorio.

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Las canciones no se venden en las tiendas de discos, ni se venden en iTunes, porque no vendes una mezcla de la canción. Se compran en lugares donde se compran experiencias. Se compran en los Appstores. La primera canción es gratuita. En Android las tres son gratis. Si utilizas Mac, hay que pagar dos, pero un café te sale más caro que comprar una canción que llevó nueve meses de trabajo.

Tampoco se trata de quejarse. Los músicos hemos tenido un rol muy triste en los últimos años muy a nuestro pesar. A nadie le gusta quejarse. Hemos visto cómo nuestro trabajo se ha cerrado, y todo el mundo se ha ido a la calle. Siempre se ha entendido lo que es el paro, pero imagínense, eso que le está pasando al país le viene pasando al mundo de la música desde hace diez años. Pero yo decidí no quejarme más.

La tecnología evidentemente genera un montón de cambios que a veces son difíciles de asumir pero ofrece posibilidades nuevas que son alucinantes. En primer lugar desde un punto de vista  artístico, porque no sé si esto generará dinero o no. A mí por lo menos me ha abierto una puerta compositiva. Llevo 25 años componiendo canciones y tuve que empezar de cero otra vez para este proyecto. Empezaba una canción y no sabía si podía llegar a terminarla, si podía conseguir que todo el texto se encajara.

Espero escuchar los resultados. Cada uno guarda sus canciones y tengo mucha curiosidad saber que hace la gente con ellas.

¿Te las pueden enviar?

Lo pueden colgar en Twitter o Facebook, o enviar por email. Ya he escuchado algunas versiones y es muy lindo escuchar una persona desde Temuco en el sur de Chile mandarte una versión de tu propia canción.

Pues la invitación está hecha…

 

Marushka Vidovic

 

 

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