El cantante italiano edita ‘Rebetyko gymnastas’, un álbum en el que saca músculo versionando canciones propias y ajenas en clave de rebético.

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“Tocar rebético es un ejercicio que fortalece nuestra parte más anticonvencional”, dice Vinicio Capossela en un bar madrileño, ataviado con una gorra de marinero y hablando a toda velocidad, con la profunda convicción del que ha vuelto sano, salvo y más rico -en un sentido no pecuniario, claro- de otro viaje más. Porque el aventurero Vinicio Capossela editó el año pasado Rebetyko gymnastas, un disco de homenaje al rebético, un género nacido en Grecia a principios de la década de los 20, cuando miles de griegos residentes en Asia Menor se vieron forzados a volver a su tierra de origen (a la vez que otros tantos turcos establecidos en Grecia hacían el recorrido inverso). Con ellos llegaron cautivadoras formas musicales asiáticas que pronto encontraron acomodo entre marineros, golfos -la tan griega figura del mangas- y, en general, hombres y mujeres de dudosa moralidad. El rebético fue prohibido en los años 30 por la dictadura de Metaxas y las siguientes juntas militares también lo persiguieron, pero desde los 70 es una música popular con gran predicamento en el país y en todo el mundo, donde se le ha buscado parentesco con otros géneros populares también cimentados sobre el desgarro y, como dice Capossela, “la ausencia”: fado, tango, flamenco, blues, morna…

Como indica el título, el noveno disco de estudio del italiano nacido en Hannover en 1965 se compone de una serie de ejercicios de interpretación, en clave de rebético, de varias canciones anteriores de Caspossela, además de una inédita (Rebetiko mou) y varias versiones, entre las que destaca la tarantinesca Misirlou, una muy libre de Los ejes de mi carreta de Atahualpa Yupanqui (Abbandonato), la Canción de las simples cosas que popularizó Mercedes Sosa y un Come prima cantado por Kaiti Ntali que, dice Capossela, “al cantarlo en italiano con acento griego convierte la promesa del original en una amenaza”.

Radio Gladys Palmera tuvo la suerte de hablar con el cantante italiano, que estos días presenta en nuestro país este nuevo trabajo (ver fechas más abajo).

Tu anterior disco, ‘Marinai, profeti e balene’ (2011) trataba sobre el mar, éste se centra en una música típicamente portuaria. ¿Hay alguna relación más entre ambos?

Ninguna. Pero sí, el rebético es música de puerto, y los puertos son a la música lo que el polen a las flores: hacen que viaje. La múscia portuaria es la música de la ausencia, se canta sobre lo que falta. Esto pasa en el fado, en el tango, en la morna… Es el deseo de algo que no se tiene, que tienen en común todas estás músicas de puerto que son también músicas de pena.

Pero Marinai… era un disco de mar abierto, en el que prestaba atención al viaje más famoso de la poesía occidental, la Odisea, y usaba música cretense ancestral. El rebético es una música urbana moderna, nacida de un éxodo. En cierta manera hay ciertos puntos de unión como Grecia, y en ambas giras he podido ponerme la misma gorra de marinero [la que lleva puesta en ese momento].

¿Habrá alguna escenografía específicamente “rebética” en los conciertos que vas a dar en España?

No. El rebético se toca en una taberna con los músicos sentados, inmóviles, y agrede a un público que también está sentado, fumando y bebiendo. Lo ideal sería dar los conciertos en tabernas. Sí que hay dos o tres elementos de escenografía para recordar a esto de la gimnasia del título, pero nada más. Es divertido porque Manolis Pappos, el intérprete de bouzouki, no se mueve nunca, solo toca y fuma, y yo le pregunté un día si hacía algún ejercicio. Me respondió que sí, que tosía.

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¿Hay algo de declaración de intenciones sacar un disco de música griega y con músicos de ese país justo en este momento?

Puede ser, porque Grecia es el símbolo de este sistema errado y de los desastres que está causando en el pueblo europeo, sobre todo en los países de Sur. Es el paradigma de todo ello, por usar una palabra griega. El rebético no tiene canciones políticas, pero es político cantar rebético, es una rebelión sin revolución, muy anárquica, individual. Pone el individuo, al hombre, en el centro, no a los bancos, los gobiernos ni las instituciones.

¿Qué recepción ha tenido el álbum en Grecia?

Aún no lo sé, pero por desgracia tienen muchas otras cosas de que preocuparse. Es una pena, porque  entre Italia y Grecia siempre ha habido mucha relación, y no conozco otro país que cante la poesía con tanta intensidad como el griego. Si vas a una taberna que tocan rebético, no canta solo el cantante, lo hacen todos. La música y la poesía son parte del alma de ese pueblo.

Has realizado un documental en Grecia con el director Andrea Segre. ¿Cuándo y cómo se podrá ver?

No lo sé aún. Está acabado y esperábamos presentarlo en Berlín, pero no lo han seleccionado. Espero que se pueda ver en primavera. Es muy interesante, porque no es un documental sobre Grecia ni sobre el rebético, aunque esté hecho allí y suene mucho rebético. Pero es una reflexión sobre aquello en lo que nos hemos convertido, a través de una música que nos recuerda siempre que hay que mantener viva nuestra parte anticonvencional.

En ‘Rebetyko gymnastas’ sorprende lo bien que se adaptan mornas (‘Morna’) o boleros (‘Canción de las simples cosas’) a la estructura del rebético.

Porque en el alma de todas esas músicas hay algo común. Por ejemplo, además de la ausencia de la que hablábamos antes, son músicas de guitarra: la portuguesa, el cavaquinho, la guitarra en el tango…

 La portada es de David Prudhomme, que dibujó una novela gráfica sobre el rebético.

Sí, hizo una bellísima historia ilustrada llamada Rebético: La mala hierba [editada en España por Sins Entido], que es preciosa. Es increíble como un cómic puede llegar hasta el espíritu de esta música. Habla del periodo en que estaba prohibido, con la dictadura de Metaxas. Creo que siempre ha habido una lucha en Grecia entre la parte oriental y la occidental, y el nacionalismo siempre ha tratado de reprimir esa parte oriental, en la que se incluye el rebético, que no era de por sí político, pero hablaba de malos ejemplos: ser un mangas, fumar hachís… Se llegó a prohibir el buzuki [guitarra típica del rebétiko y gran parte de la música popular griega] y por eso nació el baglamás, que es mucho mas pequeño y se podía esconder en el abrigo.

Cambiando de tema, ¿esperas algo bueno de las elecciones de este mes en tu país?

Es dificil que pase algo bueno, porque es la peor campaña electoral que recuerdo, el nivel es muy bajo. Incluso Monti, que parecía un personaje super partes, al entrar en política ha cambiado de perfil. Me parece que nadie habla de los intereses nacionales, aunque de todas formas estamos en un momento en el que los políticos locales pueden decidir bien poco, porque las medidas vienen de instituciones supranacionales.

Y encima está la exhumación de esta criatura, Berlusconi, que está en todos los medios, porque cada día suelta alguna cazzata [gilipollez], y ya no se habla de otra cosa…

La crisis, aunque no es divertida, puede ser una oportunidad. La palabra viene de un verbo griego que significa separar, pasar a otro momento, pero yo sigo viendo las mismas caras de mierda en la política. No hay sensación de cambio, de tomar un camino diferente. A mí todo esto me envenena…

Darío Manrique

Vinicio Capossela presenta Rebetyko gymnastas el 3 de febrero en Málaga, el 4 en Madrid y el 6 en Barcelona (comoparte del Festival de Guitarra Luz de Gas).

 

http://viniciocapossela.it

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