Kiko Veneno consigue, con la producción de Refree, abrir nuevos horizontes en su dsicografía con ‘Sensación térmica’.

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Dice Kiko Veneno (Figueres, 1957) que desde que empezó a preparar las maquetas del sucesor de Dice la gente (2010) ya tenía claro que quería “buscar caminos nuevos y nuevas formas de trabajar”. A sugerencia de su compañía de discos, se juntó con Refree, nombre artístico de Raül Fernández, músico barcelonés de raigambre indie, con una muy personal discografía bajo su alias además de producciones como la del triunfal debut de Silvia Pérez Cruz.

El sonido de Refree es moderno y juguetón, con instrumentaciones y arreglos inusuales para Kiko, y tiene su mérito -tanto suyo como de voluntad de Kiko- ajustarlo a las composiciones del andaluz. Eso es así sobre todo en ciertos temas de Sensación térmica, como Babú, Mala suerte o Los planetas.

Babú es “la canción techno”, que decía su autor en la presentación del disco, seguramente la más sorprendente de todas por los ritmos rotos, los ruiditos digitales y los sampleados que la atraviesan, emparejados con una mandolina que es casi tan inaudita como todo lo anterior.  En Babú (el nombre de una casa de la isla de Strómboli, en Sicilia, donde comenzó su gestación), Kiko Veneno casi rapea. El estribillo, una de las frases más tremendas de un disco con unas cuantas, está sin embargo cantado: “Ayer comí, pero eso se acabó”.

Mala suerte supera en dureza a ese verso. Es una sucesión de historias sobre las consecuencias de nuestros actos: desde el tipo que atropella, hasta arriba de coca, a un chaval, a los niños de países pobres que trabajan como bestias para hacer la ropa de marca que compramos… Es la canción más larga y la más -aparentemente- caótica: cada una de esas escenas tiene un tono musical distinto (que incluyen desde ukelele a disparos de metralleta), y el crudo tono rockero que marcan la batería y la guitarra eléctrica es terriblemente novedoso si pensamos que esto es un álbum de Kiko Veneno.

Los planetas comienza con un piano jazzy muy al estilo Refree, y su compleja estructura implica continuos cambios de ritmo, con unas trompetas y unos arreglos de cuerda sintetizados que quedan muy curiosos junto a la guitarra flamenca. Y otros dos buenos versos: “Qué fácil es pasar del arte a quemarte/ Yo no quiero vivir ni sufrir por amor al arte”.

Esas tres son las canciones más llamativas, pero también No cal patir, con sus juegos de palabras casi infantiles (“En La Paz no hay paciencia/ A Irán no sé cuando voy a ir”) tiene una curiosa guitarra cortante y un final con flauta y coros de aires africanos. La música de ese continente siempre ha intersado a Kiko Veneno, algo que era más patente que nunca en Dice la gente. En Sensación térmica sigue presente esa tendencia, especialmente en Sabes o no, una rumba afrocubana que podría haber estado en ese disco anterior y que alterna el tres caribeño con el balafón (antecendente de la marimba) del África Occidental.

A la mitad del álbum aparece lo más cercano a un remanso de paz con la bonita melancolía semiacústica de Sólo con palabras y el detallismo de orfebre de Namasté, tal vez la mejor canción del álbum, y supongo que futuro single. Una canción de esperanza y búsqueda espiritual con unas soñadoras guitarras, flauta, bonitos coros otra vez africanos y una excepcional colaboración de Silvia Pérez Cruz en el tramo final.

Sensación térmica no llega a las estratosféricas alturas de Échate un cantecito (1992) y Está muy bien eso del cariño (1995), la edad dorada de Kiko, pero supone un cambio de sonido que se agradece mucho a estas alturas, por lo que supone de inquietud y valentía del artista. Y no sólo por las intenciones, sino por los hallazgos conseguidos junto a Refree, cuya rica propuesta musical consigue realzar las canciones de Kiko.

Darío Manrique

KIKO VENENO Sensación térmica (Warner, 2013)

2 Comentarios

  1. Alejo Alberdi March 6, 2013 at 6:10 pm · Contestar

    La voz de Kiko es irreconocible, al menos en esta canción

  2. Sandra Alarcón March 14, 2013 at 8:58 am · Contestar

    Enhorabuena por el artículo, es exactamente lo que una espera leer sobre un disco que esta por salir en pocos días y no un infame corta y pega repasando la trayectoria de Kiko, ese de siempre, el que nos cuenta que nació en Figueras y todo eso…
    Muchas gracias, ¡ahora tengo aún más ganas de escuchar el disco!

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