En su debut, la británica Laura Mvula se revela como una compositora de amplios recursos y profundas inquietudes artísticas, más allá de las cantantes de retrosoul que tanto se llevan.

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La cantera de cantantes británicas parece un filón inagotable: cantautoras, poppies, indies, souleras… Pocos son los años que no nos dan tres o cuatro artistas interesantes. Una de las de 2013 es sin duda Laura Mvula (Birmingham, 1987), una vocalista que se podría encuadrar en las últimas categorías: tiene voz de soul, pero también formación clásica y unos gustos musicales que trascienden los habituales en “las nuevas Amy Winehouse” (¿acabará siendo más una Erykah Badu inglesa?).

Por ejemplo, se nota que ha escuchado a Björk, algo patente en Make Me Lovely, que empieza con unos arreglos orquestales que recuerdan a Hyperballad, un fondo de terciopelo roto a continuación por una base percusiva (aunque la argamasa que la une sean instrumentos de viento más que tambores o similares). En esa canción ya se ven los elementos que se repiten a lo largo de Sing to the Moon, como los coros que construyen catedralicias armonías vocales, o instrumentos como la celesta y el arpa. Esos elementos (coros, arpa) suelen usarse habitualmente por la evocadora belleza de su timbre, pero Mvula y el productor Steve Brown consiguen darle una intención ligeramente más enigmática y psicodélica.

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Mvula también juega con la fórmula del quiet-loud-quiet, esos cambios de dinámica (e incluso volumen) presentes en la impresionante Like the Morning Dew. La parte más soul-pop, que también la tiene, tiene su punto álgido en el fantástico single Green Garden, que puede sonar a Janelle Monae, con sus palmas y sus vocces filtradas. Flying Without You, por su parte, está conducida por unos tambores casi marciales, acentuados por metales, como si de una banda militar se tratara. La letra, sin embargo, habla de un despegue personal tras un desengaño amoroso (“era un chico enamorado, sólo que no de mí”).

También hay temas lentos: Can’t Live with the World se hace un poco larga, pero es una buena balada conducida -lo han adivinado- por el arpa y los coros. Father, Father es más austera, casi sólo con piano, coros y la voz de Mvula dando buena cuenta de que, además de por el conservatorio, ha pasado por agrupaciones de gospel.

Aunque imagino que en su país la intentarán vender como otra sustituta de Amy (el primer single fue She, uno de los temas que más se acercan al soul genérico de revista femenina de moda), Mvula puede ser mucho más: parece estar llena de ideas, algunas de las cuales parecen medio formadas en este debut, pero las tiene y sabe cómo desarrollarlas pues también tiene la formación. Pese a sus estudios de composición en el conservatorio (o gracias a ellos), Laura Mvula escribe sus canciones con un programa de iPad. Gospel, tablets, soul, Björk… Mvula es una artista del siglo XXI, con las contradicciones que ello supone, y también con un apetecible futuro por delante.

Darío Manrique

Laura Mvula Sing to the Moon (RCA, 2013)

 

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