Entrevistamos a Nick Waterhouse, para quien es tan importante el contenido como la forma. Las letras de los temas surgen de forma espontánea al componer la melodía. Y otorga una importancia decisiva a los arreglos y la manera en que su música se ha de ejecutar y registrar. Su álbum, Time’s All Gone es uno de nuestros favoritos del pasado 2012 (Innovative Leisure,2012). Y también su producción para Allah-Las Allah-Las (Innovative Leisure, 2012)

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(Al final de este texto encontrarás la versión en audio -en inglés original y doblado al castellano- de esta entrevista)

Hola Nick. ¿Qué tal? ¿Cómo está funcionando la gira europea? Qué lástima que el concierto de Barcelona fuera cancelado (como consecuencia del cierre temporal de la sala Apolo)

Sí, estuve muy decepcionado. Antes de salir de California llamó mucha gente desde España para que fuéramos a tocar. Llegar a Barcelona siempre fue uno de mis objetivos aunque creo que se hará el año que viene. La gira ha sido genial, con reacciones muy positivas de la gente y la banda se va engrasando bien. En los últimos seis meses, desde cuando se publicó el álbum, hemos estado creciendo y las canciones también. El público ha estado muy receptivo y hemos agotado entradas en varios conciertos, lo que ha sido impresionante para mí.

Decías que la gira te ha dado la oportunidad de hacer crecer las canciones. ¿Utilizas la experiencia en directo para probar nuevo material o cambiar cosas en tu repertorio?

Yo comparto la mentalidad del jazz y del rhythm’n’blues, sin ser un descendiente directo, y mucho de estas músicas está improvisado con síncopas, los músicos se alimentan mutuamente. Si utilizas ordenadores y secuenciadores  no puedes salir del camino. Me gusta entrar en territorios desconocidos y experimentar con variaciones. Me satisface mucho y creo que al público le gusta también. Y he estado incluyendo temas nuevos en esta gira que creo acabarán saliendo en vinilo este año. Voy a empezar a prensar cosas.

Qué buena noticia que haya un nuevo álbum para 2013 ¿Y también compones a través de la improvisación?

Me encanta la parte caótica de la música. Para mí es un asunto muy humano. Me gusta reaccionar ante los errores, estoy concentrado cuando toco. Cualquier cambio me llama la atención y luego me pongo a revisarlo a solas.

Time’s All Gone se publicó en 2012 pero aquí en Future Beats llevábamos mucho tiempo pinchando tus singles antes de la publicación del álbum. Tu idea era publicar singles en vinilo, prensados a mano. En esa época estabas viviendo en San Francisco y trabajando en la tienda de discos Rooky Ricardos Records, Has estado muy vinculado al vinilo ¿Cuál fue el motivo para ponerte a grabar?

Lo hice de manera impulsiva. Creo que fue una acumulación de muchas cosas. Intentaba negar el hecho de ser músico, o querer ser músico. Hay mucho de la cultura de guitarristas o de la cultura de los nerds de la música que no me pega. Me decía “yo lo puedo hacer como se debe hacer, como yo lo veo y según mi propio código”.

Creo que hice el primer 45 como un disco que me hubiese gustado pinchar como DJ, algo que me molaba. Hace poco estaba leyendo la biografía de Keith Richards y me gusta cuando cuenta los principios de los Stones, cómo escuchaban discos juntos y su sistema para decir esto es malo, esto es bueno. Y yo pensaba que sabía lo que era bueno…

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Dices que no te gusta la cultura de los nerds de la música, pero a muchos nerds les encanta lo que haces. Eres conocido por el proceso de grabación, el hecho de que tu música es tan orgánica y analógica. Para nuestros oyentes nerds, ¿podrías describir algo de tu proceso de grabación?

Sí, podría. Estaba pensando el otro día que hubiera sido mejor no haber hablado nunca de cómo grabo ya que entonces me harían preguntas normales.  No, en serio, no pasa nada y aunque para mí este proceso no representa la totalidad de mi trabajo entiendo porqué a la gente le interesa.

El estudio que utilizaba cerró hace poco, se llamaba The Distillery. Estaba en Costa Mesa, en California. El estudio era completamente analógico, sin ningún ordenador. Tenía una consola de 24 pistas Dan Flickinger de finales de los 60 y estoy casi seguro que venía de los famosos estudios Muscle Shoals, varias personas de la industria me lo han comentado. Cuando The Black Keys estaba grabando su disco allá intentaron comprarla. En aquel estudio había muchos equipos de estudio americanos: CBS, All Tech o Telefunken, prensas, una buena colección de micrófonos de válvula y de cinta. Los equipos fabricados hoy mantienen los estándares tecnológicos de antes de los 70. Y muchos equipos con tecnología desarrollada a finales de los 40, principios de los 50 se han continuado fabricando de la misma manera.

Grabamos el disco en directo, hasta 7 o 8 personas tocando juntos. Toda la grabación se hizo con batería, bajo y coros femeninos. A veces con metales y algunos temas se grabaron con mi voz, piano o teclados. Utilicé pocos efectos. Se trata de dónde poner los micros y saber mezclar. Lo que hice fue algo que sonaba bien para mí, no apliqué las reglas de nadie.

El dueño del estudio e ingeniero en el disco, Mike McHugh, fue alguien que me enseñó mucho sobre los equipos y cómo utilizarlos. Utilicé el estudio como un instrumento más. Igual que tocaría la guitarra.

¿Por qué se cerró el estudio?

Mike dejó el negocio, empezó a vender algunos equipos. Ahora tengo pensado montar un estudio propio, con su ayuda, durante este  año y me hace mucha ilusión. Creo que puedo aplicar muchos de mis conocimientos adquiridos con la grabación de mi disco, con mi experiencia anterior y con la producción de un disco de un grupo que se llama The Allah-Las también. Sé cuáles son las herramientas que necesito. Me siento listo para lanzarme y Mike estará a mi lado para ayudarme.

Hablando de The Allah-Las, el álbum nos encantó y fue fantástico comprobar que fuiste tú el productor. Este disco ha suscitado mucha atención.

Creo que proponen algo muy fresco para el oído de muchos fans de rock’n’roll. Son un caballo de Troya del buen gusto dentro del mundo del rock. Son cuatro jóvenes con guitarras, una formación más tradicional, pero traen algo que el mundo no ha escuchado.

Yo conecté con ellos porque creo que a nivel filosófico nos parecemos. Y creo que compartimos una apreciación que es algo más cósmica sobre la música, el arte y la cultura que nos gusta. No tenemos una actitud superficial y retrospectiva sobre lo que nos anima. Ninguno de nosotros estamos jugando a los disfraces. Y creo que The Allah-Las ha revolucionado el mundo del rock porque nadie los puede entender completamente.  Mucha gente quiere hablar de ellos diciendo cosas como: “suena como Love, o The Byrds”, o algo así pero creo que son cómo cualquier artista interesante que tiene algo familiar pero también algo muy profundo que la gente no puede explicar ni entender. Y es una sensación extraña para cualquier persona más allá del sur de California.

Tus canciones son muy upbeat. Con mucha energía, pero también tienen un lado oscuro. ¿Qué hay en las sombras?

Creo que es un reflejo justo de mi alma. Los tempos son upbeat en muchos temas pero siempre he estado atraído por música o arte que tiene un sentimiento de los blues. No estoy hablando del género, me refiero a la parte tonal, lo que pasa en la música cuando suena el blues, sea de manera ligera o más fuerte. Hay complicaciones en algún lugar.

Muchos de los temas fueron inspirados por acontecimientos en mi vida de los últimos años. Vivía en San Francisco antes de grabar el disco, y había amigos encarcelados, o relaciones que se acababan. Suelo escribir con un lenguaje universal pero los temas muchas veces hablan de estas zonas grises en el mundo. El tema “Say I Wanna Know” que gusta a mucha gente, un tema para cantar a coro, habla de algunos momentos terribles de mi vida.

Creo que todo lo que siempre me ha gustado en los discos, ya sea  de Ray Charles, Bobby Bland o temas de gospel, eran cosas tan universales como personales. El disco tiene temas como “Raina”, fue una persona con quien tuve una relación de muchos años, con mucha historia. Ella siempre me preguntaba porque no escribía una canción sobre ella cuando estábamos juntos. Ha tenido su deseo al final.

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Tu música suena muy americana y muchas de tus referencias son anglosajonas. Vives en los EEUU pero decías que son experiencias muy universales es por eso que toca a la gente de otros lugares. El blues, como estado de ánimo y forma de expresión,  es también completamente universal y ha viajado a través del mundo. ¿Estás en contacto con esto?

Claro que sí. Todo viene de África y Asia. Siempre me gustó cuando Mose Allison decía que los compositores rusos eran muy bluesy. Soy un chico que nació a finales de los 80 y soy consciente de la cultura global. Mi etiqueta de música americana no debe sonar como un jingle ni algo cerrado.

Lo que sí me gusta mucho es la historia conflictiva y oscura de los Estados Unidos. Creo que mucha de la música que me inspira no hubiera existido sin el choque entre muchas culturas del mundo y la cultura americana, aunque fuera por motivos dudosos. Estoy hablando de cosas como la esclavitud y la deportación, o la inmigración y la gente marchándose de sus países en el siglo XVIII. Esta idea de crisol de cultura es lo que significa la música americana para mí.

La idea de que ni el jazz ni el blues no hubieran podido ocurrir sin el cóctel perfecto de la sociedad americana de ciertas épocas es lo que quiero trasmitir cuando hablo de música americana.

Me recuerdas algo que dijo el grupo The Carolina Chocolate Drops, que la tradición no tiene que ser una cárcel.  Es una fuente de inspiración para luego crear algo nuevo. ¿Estarías de acuerdo?

Estoy de acuerdo. Creo que soy un lobo con piel de oveja y me encuentro a menudo con gente que tiene una visión muy purista de la música histórica. Siempre he tenido que tener una doble personalidad. Quería publicar un disco porque nadie estaba publicando discos que me gustaran.

Creo en el estudio de la historia, creo en el entendimiento de la historia, y creo en tener una relación personal con el arte. En consecuencia tengo el alma agitada, estoy funcionado dentro de los parámetros de lo que me ha emocionado y estoy atrapado en la prisión dónde se halla la tradición también.

Pero sí que estoy de acuerdo, creo que la gente tiene que revisar y reinterpretar la historia. Vivimos una era de tanta inmediatez que el mito de originalidad y el mito de auto-creación se ha convertido en la biblia para mucha gente. Todo el mundo se comporta como un crítico de música, en parte por la existencia de internet, sin tener el background necesario. Lo único que hace la mayoría es repetir lo que es nuevo, viejo, lo que ya pasó y lo que no, en función de lo que ya se ha comentado antes.

Siempre defiendo el tiempo no lineal. Es lo que el arte y la música significan para mí.

Es algo que hemos comentado aquí, sobre todo al final del año, cuando todo el mundo publica su lista de “Lo Mejor de…” Y nos preguntamos a menudo si la gente opina y siente de verdad lo que escribe o es más bien porque los demás también lo piensan.

Efectivamente. Se convierte en un juego del teléfono roto. Algunas personas me preguntaron: ¿estás deseando tener éxito?  Y les dije que no. Pienso en las personas que escriben estas listas y lo que les gusta ahora, y que probablemente a todos les maravilla The Velvet Underground. Pero si muchos de ellos hubieran estado vivos en 1966, The Velvet Underground no hubiera figurado en su lista. Creo que la gente tiene que evitar construir gallineros prefabricados, como diría George Orwell, evitar recrear clichés y replantearse la manera de apreciar el arte.

Imagino que durante esta gira has estado leyendo. ¿Qué lee Nick Waterhouse en este momento?

Estaba contando todos los libros que he leído durante esta parte europea de la gira y ya son seis. Finalmente logré leer The Quiet American de Graham Greene, leí What Are You Looking At? que es una historia del arte moderno de Will Gompertz, un periodista de The Guardian en el Reino Unido, que me pareció genial. También he leído Memories From Birdland de Bill Crow, un bajista de jazz desde los años 40 hasta hoy día. Lo vi tocando con Mose Allison en 2004 y no sabía que había escrito un libro, lo encontré en una tienda de segunda mano por 2$, y es fenomenal. My Dark Places de James Ellroy, más memorias. Y estoy a la mitad de Chitlin Circuit And The Road To Rock’n’Roll de Preston Lauterbach que es algo que todo el mundo esperaría que yo estuviera leyendo, pero es muy entretenido.

Marushka Vidovic

 

 

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