Mi nuevo álbum, Yo, es una guía hacia mi mundo musical, pero ese viaje lo hago bien acompañado…

Roberto_Fonseca_Future_Beats_Team

Tras escuchar detenidamente el nuevo trabajo de Roberto Fonseca, Yo (Montuno, 2012), teníamos ganas de volver a encontrarnos con él. Así que aprovechamos una fugaz  visita a nuestro país antes de sus próximos conciertos en mayo en Madrid y Barcelona para mantener una distendida charla en la tienda Pianos Corrales y, además, registrar un tema en exclusiva.

El disco se abre con un tema de muchísima fuerza titulado 80’s. Anuncia el tono del disco. Naciste en el 75, la década de los ochenta  fue el momento en que te formaste como músico en Cuba. Un momento muy especial, porque esa época te define.

Tenía la idea de hacer un tema dedicado a esa época desde hace tiempo. Hubo mucha creación musical. Desde mi punto de vista hubo interés en crear cosas nuevas en los 70 y 80. Había funk y mi manera de tocar el piano, de forma muy percusiva, tiene que ver con ello. También es un intento de imitar los tambores de los ritmos afrocubanos pero con mucha delicadeza.

 Eres un pianista muy rítmico. El álbum busca a áfrica. Nos parece una expresión de tus raíces, de la diáspora. ¿Esta llamada viene de hace tiempo?

Desde hace muchos años estaba interesado en hacer un disco así. Porque desde muy pequeño escuché un tema de Abdullah Ibrahim  (Ishmael) del que me impresionó la manera en que todo estaba expuesto, el modo en que sucedía todo, era algo muy espiritual. Y al mismo tiempo también mis hermanos me hicieron escuchar a Salif keita. Esa combinación de ritmos, armonía y melodía era muy interesante. Por eso siempre tuve ganas de hacer algo así. Lo que pasa es que en Cuba estudié música clásica. Uno aprende primero a interpretar los compositores europeos, después llegas al jazz, al rock, porque yo fui roquero durante un tiempo. Pero siempre tuve este deseo y qué mejor que ahora que ya soy más maduro y que puedo aprovechar la confianza de los músicos que me acompañan.

 Y precisamente este es un disco muy colaborativo. Te has rodeado de invitados muy especiales.

Quiero especificar antes que la palabra del título del disco, “Yo”, es una guía hacia mi mundo musical, pero ese viaje lo hago muy bien acompañado. Hay una colaboración de todos: Fatoumata, Ba Cissoko, los músicos de la banda que siempre me han acompañado. Es un sonido sólido gracias a la suma de todos. Mi cara aparece en la portada por si llueven tomates, mejor que me den a mí. Y en vivo lo que hacemos es adaptar el trabajo de estudio con cambios naturales que se dan con la energía del directo.

 ¿Cuál ha sido la participación de Gilles Peterson?

Viene del proyecto  Habana Cultura. Hubo muy buena comunicación. Su participación es garantía del buen gusto. A veces los músicos pecamos de querer demostrar nuestra destreza continuamente, especialmente los latinos. Somos muy explosivos. Gilles Peterson dosifica la medida exacta de las cosas.

 Quizás ese es uno de los peligros del jazz. Esos discos que son como una demostración incesante de virtuosismo.

Sí, claro

Desde Zamazu (Enja, 2007) da la impresión de que tu música se ha hecho más expansiva

Sí, el propósito es ese. Que sea cada vez más universal, no por un problema de mercado sino para rescatar a todas las personas a las que en un momento les gustó el jazz. O aquellas que tienen una confusión sobre  lo que es el jazz, porque la culpa de que ocurra esto es nuestra, de los músicos. Hacemos las cosas de una forma que sólo entendemos nosotros, y a veces ni los músicos nos entendemos. Con este álbum intentamos que diversos  mundos musicales, música urbana y electrónica incluida,  confluyan en uno solo.

Hay otros músicos de tu generación que están intentando algo similar. El pianista Robert Glasper, por ejemplo, declaró recientemente al presentar su nuevo trabajo que “el jazz lo que necesita es una patada en el culo”

Hombre, no tanto como una patada pero hay que renovarlo. Yo nunca he querido que me cataloguen como músico de jazz o de world music, ni nada de eso. Es muy fácil decir que eres un jazzista. En mi caso lo fácil era decir que yo represento la nueva generación de Buenavista Social Club. Cosa que no me gusta nada. Yo deseo romper esquemas.

El tema “7 Rayos” incluye una poesía de Nicolás Guillen. Quizás la expresión de la parte espiritual. ¿Hasta qué punto ha sido esto importante en el disco?

No me interesa nada tocar con músicos excepcionales o estrellas. Lo que intento es que primero haya eso, una conexión espiritual. Y que el músico con el que trabajo sea desde un punto de vista musical respetuoso con el espacio y el tiempo del otro. Con los músicos cubanos con los que habitualmente trabajo esto es habitual. Al llegar estos nuevos colaboradores todo ha resultado natural. Grabamos en una semana. Y no hicimos tomas y tomas. El objetivo en la grabación fue ser lo más espontaneo posible y conseguir plasmar la naturalidad que realmente se estableció. Un tema como “Bibisa”, por ejemplo,  nació en el estudio, allí mismo. Me siento muy afortunado con la aceptación que está teniendo este proyecto. En la gira inglesa el público ha sido muy receptivo.

La columna vertebral de la música cubana es la clave. Todos esos músicos: Ba Cisooko, Sékou kouyaté… ¿Entendieron la clave?

Es increíble. Tenemos códigos muy similares aunque con patrones diferentes y una manera de trabajar el tempo peculiar. Sin embargo todos ellos están muy conectados con la música tradicional cubana. Y no les fue difícil en absoluto. Ponían su identidad y yo mi punto de vista.

Marushka Vidovic y Alex García

 

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