Unknown Mortal Orchestra enriquecen su neopsicodelia de dormitorio con soul y funk.

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Puede que andemos ya cerca del punto de saturación en lo que se refiere a neopsicodelia narcótica y lo-fi con raíces en las Antípodas. Tame Impala, Melody’s Echo Chamber (que cuenta con la participación del Impala Kevin Parker) u Opossom han editado brillantes discos en los últimos meses, abundantes en bruma analógica, voces filtradas, guitarras con fuzz y ritmos rotos de batería al estilo Tomorrow never knows.

Unknown Mortal Orchestra tiene algo de todo eso. Para empezar, es el proyecto del neozelandés Ruban Nielson, hermano de Kody Nielson, de Opossom, aunque UMO funciona desde Portland (EE UU). Además, II, este segundo disco de la Desconocida Orquesta Mortal -gran nombre para un grupo de supervillanos melómanos de la Marvel- se salva del posible hastío al picar en una pequeña pero muy agradecida veta negra, entre el soul y el funk, dentro de su visión del rock psicodélico. Es una influencia descarada en el single -y canción más redonda del álbum- So Good at Being in Trouble, un medio tiempo con mucho de soul de los 70, incluido el falsete de Nielson. También es patente la huella soul en la larga Monki, con su acuosa guitarra, y cierto rastro de Jimi Hendrix en One at a Time.

Al igual que los discos del primer párrafo, el de Unknown Mortal Orchestra también es -y suena- a trabajo unipersonal, casi de dormitorio. No sólo porque Nielson haya tocado todo menos la batería, ni por su rugosidad retro-analógica, sino por las letras de soledad e incomunicación (esa frase de “el aislamiento puede ponerte una pistola en al mano” de la beatleliana From the Sun) y los confusos relatos de viajes más malos que buenos, difíciles de descifrar sin las letras impresas, pero que seguro tratan de drogas.

En la portada de II, una foto sesentera virada a rojo de una sacerdotisa de la Wicca, una religión inglesa neopagana. Es sexy, misteriosa y retro, como el disco que presenta. Portada y contenido también comparten otra cosa, el riesgo inherente a toda nostalgia por el pasado. Salvo alguna facción especialmente inmovilista, sospecho que el resto nos cansaremos en algún momento de esta fiebre neopsicodélica, a veces monocromática dentro de su aparente colorido. A no ser que las ansias exploratorias de gente como Ruban Nielson (en su caso, con los ojos puestos en la música negra) consigan que este nicho musical pueda mirar al futuro, aunque sea mediante la combinación de varios factores antiguos.

Unknown Mortal Orchestra II (Jagjaguwar,2013)

Darío Manrique

unknownmortalorchestra.com

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